El nuevo orden de Alberto Fernández, en marcha y a toda velocidad

 
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En menos de una semana, Alberto Fernández expuso y empezó a sufrir los efectos de la manta corta que no llega a cobijar a todos los argentinos. La afectación de intereses pone a prueba los declamados propósitos consensuales del Presidente y la presunta predisposición colaborativa de los actores políticos, económicos y sociales.Esos intereses afectados son las consecuencias inevitables del nuevo orden político que empieza a delinear el flamante presidente. Nunca es inocuo.Las reacciones iniciales despertadas por las primeras medidas (desde el protocolo sobre el aborto no punible hasta el retoque a las retenciones) son solo un adelanto de lo que vendrá. Todo empezará a cobrar densidad y dejará expuestos los contornos de la nueva realidad política con el proyecto de "solidaridad y reactivación productiva" que se enviará hoy al Congreso.La eufemística iniciativa, que engloba la declaración de una triple emergencia (sanitaria, social y económica) para dotar de mayores poderes al Presidente, es una de las expresiones con las que busca empezar a dibujar ese nuevo orden.La moderación y la impronta pacificadora que marcaron el discurso de asunción del mando ante la Asamblea Legislativa pudieron haber provocado confusiones. Pero las dudas empezaron a despejarse rápido. La calma chicha de la transición terminó en las primeros tres días hábiles de gobierno y cuando aún muchos se distraían con los fastos inaugurales.La multidimensión temática de aquel mensaje ya empezó a tener correlato en acciones que impactan sobre la economía interna y externa, la política nacional y subnacional, el Poder Judicial, los servicios de inteligencia, los movimientos religiosos, las relaciones exteriores. La lista no es excluyente ni taxativa. Ni puede serlo. Los límites los impondrá la realidad, con sus restricciones y oportunidades.La vertiginosa toma de decisiones de Fernández también sorprendió, merced a otra confusión: la demora en constituir su gabinete (no solo en darlo a publicidad) había abierto incógnitas sobre cuánto tardaría en arrancar su gestión.En 96 horas puso en evidencia que está decidido a tomar la mayor cantidad de medidas en los simbólicos primeros cien días, para lo cual tratará de aprovechar el crédito inicial de todo gobierno que comienza y de usar al extremo el factor sorpresa. Cualquier comparación con la etapa inaugural de Néstor Kirchner no es mera coincidencia.De arranque, Fernández ratificó cuáles son sus urgencias y los sectores prioritarios...

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