Nuevas fronteras para la filosofía del derecho

Autor:Carla Faralli
Páginas:253-296
 
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En los últimos treinta años la sociedad ha conocido transformaciones profundas a la vez que rapidísimas: la informática ha entrado a formar parte de la vida de todos nosotros a distintos niveles, produciendo una especie de revolución, que ha sido parangonada por algunos analistas del presente a la revolución que en su día provocara la introducción de la imprenta; la investigación en el ámbito médico y, más en general, en el ámbito científico ha abierto inmensas nuevas posibilidades, e incrementado las capacidades de acción de los seres humanos, en orden al dominio de la naturaleza (fecundación artificial, trasplantes de órganos, clonación, etc.), al tiempo que ha generado una serie de perplejidades y de lacerantes interrogantes morales que conciernen a la delimitación de los límites de la intervención sobre la vida humana y no humana; los grandes flujos migratorios desde los países más desfavorecidos hacia los países industrializados han modificado la fisonomía de los viejos Estados nacionales, determinando un nuevo escenario marcado por el pluralismo jurídico, en el que han comenzado a cuestionarse una serie Page 254 de conceptos tan consolidados como los de soberanía, ciudadanía, nacionalidad, etc260.

Este conjunto variado de fenómenos ha abierto nuevos territorios a los estudiosos o investigadores de los más distintos ámbitos disciplinares, y también, como no podía ser menos, a los filósofos del Derecho.

  1. En cuanto a la informática, las primeras aplicaciones al Derecho se remontan a finales de los años cuarenta del pasado siglo261, pero sólo en los años sesenta y setenta de dicha centuria se crearon las primeras bases de datos jurídicos y los primeros archivos informatizados de las administraciones públicas.

    Posteriormente, ya en la última década de los ochenta, se ha asistido al desarrollo de nuevas formas de documentación jurídica automatizada, junto a la edición electrónica, la realización de grandes sistemas informatizados en el ámbito ju-Page 255rídico y administrativo y, sobre todo, la difusión generalizada de la informática en la actividad de los despachos profesionales por obra de los microprocesadores.

    Con todo ello la informática jurídica ha modificado en profundidad algunos aspectos hasta entonces característicos del trabajo del jurista (como la búsqueda documental) y de las distintas actividades complementarias de su actividad profesional (como la gestión de la contabilidad, el archivo, la redacción y la transmisión de documentos). La mayor parte de la actividad jurídica se desarrolla hoy sirviéndose de la interacción con los procesadores electrónicos, y también de instrumentos informáticos simples que en nuestros días se encuentran ya relativamente estandarizados (como el procesador de textos, las hojas electrónicas y las bases de datos). Instrumentos y técnicas que se revelan capaces de influir de manera profunda sobre la práctica del Derecho.

    Una ulterior transformación de la práctica del Derecho se está produciendo en la actualidad por obra de las nuevas tecnologías de la telemática y de Internet. Nuevas tecnologías que han revolucionado, tanto las modalidades de acceso a la información jurídica, como la interacción entre los distintos operadores jurídicos (por ejemplo, entre los jueces, abogados, procuradores de los tribunales, notarios, administradores públicos), y entre los juristas y los ciudadanos.

    En todo caso es obligado reconocer que estos cambios de la práctica del Derecho, que apenas hemos descrito, y que sin duda han sido profundos e invasivos (al punto que suministran material de estudio tanto para la Sociología jurídica como para el Derecho positivo), por sí solos no serían suficientes para justificar la consideración de la Informática jurídica entre las nuevas fronteras de la Filosofía del Derecho de nuestro tiempo.

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    Con la finalidad de justificar el reto que la Informática jurídica supone para nuestra disciplina, debemos recordar las contribuciones específicas que la misma ha aportado al progreso de la reflexión filosófico-jurídica.

    Entre finales de los años sesenta y el inicio de los años setenta del pasado siglo la Informática jurídica había suscitado un cierto interés entre algunos estudiosos de Teoría del Derecho, que creían que la metodología de la informática y de la cibernética podrían llegar a revolucionar los estudios jurídicos.

    Sin embargo, bien pronto atenuaron los entusiasmos, al caer en la cuenta de que la informática, con el menguado desarrollo que entonces presentaba, no estaba en condiciones de aportar una contribución especialmente significativa a la Ciencia jurídica: sus limitados utensilios tecnológicos no se prestaban a aplicaciones significativas en el ámbito de la decisión jurídica (más allá de la búsqueda de textos jurídicos en archivos electrónicos); sus formalismos no representaban progresos sustanciales respecto a los propios de la lógica simbólica, de la cual, por otra parte, derivaban; además los modelos cibernéticos del Derecho representaban, en la mayor parte de los casos, meras reformulaciones esotéricas de añejas problemáticas.

    A los entusiasmos teórico -y filosófico- cibernéticos de los albores de la informática jurídica, siguió, por tanto, una fase de desencanto y de cautela, en la cual las ambiciones teóricas se vieron postergadas a favor del desarrollo de sus aspectos aplicativos. "Al inicio de los años setenta la cibernética empezó a pagar las consecuencias de haber sido también una ciencia de moda. El uso demasiado genérico de sus métodos y de su terminología desacreditó incluso los aspectos positivos de la disciplina: hoy se tiende a considerarlos como

    Page 257algo ya consolidado. Así, la cibernética ha desaparecido de las páginas de los mass-media y ha vuelto al restringido circuito de los estudiosos"262.

    Un renacimiento del interés por los estudios de tipo teórico en el ámbito del conocimiento informático-jurídico se produce a partir de la segunda mitad de los años ochenta y estuvo determinada, sobre todo, por la emergencia de la nueva disciplina de la Inteligencia artificial ("Artificial Intelligence", la ciencia llamada a desarrollar modelos computacionales de comportamiento inteligente), que venía a afrontar, de un modo nuevo, temas filosóficos clásicos, como el de los contenidos y la estructura del conocimiento, el de las formas de los procedimientos cognitivos, y el de las estructuras lingüísticas y su relación con la realidad. En particular, se constituyó el ámbito interdisciplinar denominado "inteligencia artificial y Derecho" (artificial intelligence and law), en cuyo seno el fértil encuentro entre la informática y el conocimiento jurídico ha permitido enriquecer y desarrollar ambas disciplinas. De hecho, si en un primer momento los estudios de la temática "inteligencia artificial y derecho" se limitaron a retomar modelos teórico-jurídicos, tratando de revestirles con un ropaje computacional, bien pronto tales estudios comenzaron a suministrar contribuciones significativas e innovadoras a la misma problemática filosófico-jurídica.

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    Ante todo, los estudios informático-jurídicos han dado lugar a una verdadera y propia revolución en el ámbito de los estudios de lógica jurídica, que, como hemos tenido ocasión de apuntar en el capítulo cuarto de este volumen, tradicionalmente consistían en la aplicación al ámbito jurídico de la lógica clásica, si bien ésta a partir de la década de los cincuenta se ha enriquecido con la construcción de una nueva modalidad de lógica, la lógica deóntica263, modelada para las proposiciones normativas.

    En el ámbito de la experimentación informático-jurídica se ha visto, sin embargo, que con la ayuda de los más potentes indicadores automáticos, la lógica clásica podía ofrecer un modelo adecuado del razonamiento jurídico.

    Un obstáculo para ello estaba constituido por ciertas condiciones características de algunos aspectos fundamentales del razonamiento jurídico y del conocimiento del Derecho, por ejemplo, por el hecho de que el razonamiento jurídico sea una técnica procedimental en orden a la solución de problemas jurídicos. El razonamiento jurídico requiere, pues, de procesos interactivos gobernados por reglas, en los cuales participan los sujetos interesados, y no un proceso monológico, como es la deducción lógica. Además, el razonamiento jurídico, como ya lo hicieron notar C. Alchourrón y E. Bulygin, en la medida en que nace de la controversia y de la contraposición de tesis en conflicto, es esencialmente un razonamiento defectuoso (defeasible): esto es, el jurista debe es-Page 259tar dispuesto a revisar sus conclusiones a la luz de informaciones ulteriores, mientras que la lógica clásica es, por el contrario, acumulativa, es decir, que en su ámbito las nuevas informaciones se adicionan a las precedentes, sin que por ello se ponga en cuestión todo lo que era deducible de éstas.

    La informática jurídica ha permitido desarrollar lógicas jurídicas nuevas, lógicas capaces de afrontar los retos a los que hemos hecho referencia.

    El problema de la "posible aplicación práctica" de la lógica jurídica, de su eficiencia como instrumento para la solución de problemas, ha sido afrontado recurriendo en particular a los lenguajes de la programación lógica, que han reducido la distancia entre las representaciones lógicas y los programas informáticos: un conjunto de "axiomas jurídicos", si se expresa en los lenguajes propios de la programación lógica, se convierte en un programa que puede ejecutarse automáticamente. Esta orientación ha sido desarrollada de forma especial por Robert Kowalski y Marek Sergot a través del "Proyecto Prolog", que se puso en marcha, en el "Department of Computing" (Departamento de Computación) del Imperial College de Ciencia y Tecnología de Londres, a principios de los años ochenta del siglo pasado, y en cuyo ámbito se han obtenido una serie de fértiles aplicaciones a diversos sectores del Derecho inglés264.

    Por lo que concierne a los problemas...

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