Nota Editorial

Autor:María Eleonora Cano
Cargo:Directora Revista Aequitas
Páginas:1-1
 
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NOTA EDITORIAL.
La renuncia consciente a la verdad es incompatible con el servicio
de la justicia”.
Con estas palabras Nuestro Máximo Tribunal, en el señero caso
“Colallillo c/ España”, estableció las bases para considerar el principio de la verdad
jurídica objetiva como norte de las resoluciones judiciales en aras de preservar y
garantizar la realización del valor Justicia, frente a los supuestos en los que el
estricto apego a las formalidades de la ley, impusiera un resultado que, si bien
legal, no por ello sería necesariamente justo.
La búsqueda de lo que es auténtico, vale decir, el real conocimiento
de los hechos y las cosas, ha desvelado a la humanidad desde que el
pensamiento filosófico de los griegos obtuvo carta de ciudadanía y motivó al
hombre a querer alcanzar la verdad, a través del razonamiento y la
fundamentación de las causas.
Y, merced a esa incesante indagación de lo que es verdadero, la
sociedad ha alcanzado tanto el progreso material como la evolución intelectual y
espiritual. No obstante, también en varios hitos de la historia, esa búsqueda se ha
tornado contaminada por falsas interpretaciones de los hechos o por pseudas
reflexiones que pretendieron erigirse en certezas absolutas y dogmas irrefutables.
El Derecho, en tanto actividad y saber operativo práctico, posee en
su estructura básica un innegable e insustituible interés en alcanzar el
conocimiento de lo que es cierto para, de ese modo, descubrir la justicia que
fundamentará la solución. Ahora bien, esa tarea, en principio propia de los jueces,
sin embargo, no sólo ha de reposar en éstos y en quienes sancionan las leyes:
antes bien, constituye además una tarea de todos. La conciencia ciudadana en el
deber de reflexionar con profundidad y circunspección la realidad política y los
procesos históricos de los que somos protagonistas, forma parte de una ética
cívica que abre el camino y enriquece la estructura de una sociedad madura y
sana cuyo resultado será la paz, como una consecuencia natural de la justicia.
En estos momentos de nuestra historia universal, la necesidad de
alcanzar la verdad que nos hará libres, más que nunca, se traduce en el clamor
por instaurar el deber cívico y la conducta activa como responsabilidad de todos;
proyectada en un quehacer que nos habilite a discernir aquellos valores
trascendentes que realicen al individuo en su real y verdadera Dignidad.
María Eleonora Cano
Directora Revista Aequitas

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