Una noche tan sórdida como romántica

 
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El encuentro está previsto en un bar, a las 11 de la mañana. Edgardo Castro llega tarde. Se quedó dormido. Es (casi) lógico para quien es creador de La noche, ese notable film que traza un personal recorrido habitado por gentes que se van a dormir con la luz del sol a pleno. La noche anterior a la entrevista concurrió a la fiesta de apertura del Bafici. A ese mundillo ya lo conoce como intérprete. Ahora lo tiene como actor y guionista, y director y productor de este film que compite en la sección internacional. En medio de la fiesta algunos le dijeron: "Vení que te presento a tal productor". "¿Qué voy a ir yo si ni hablo inglés?", retrucaba él.

La noche tiene varias capas. A partir de sus escenas de sexo explícito se le hablará de lo porno y de sus influencias de tal director o de aquel otro. Pero detrás de todo ese ruido hay varias historias de amor. Hay otro punto inobjetable: la valentía por el nivel de exposición asumido por el actor. "Mi miedo de estos días es que la gente no vea más allá de esa capa de sexo, droga y noche en la que parece estar todo vacío", apunta. Claudia, su terapeuta, anteayer mismo le decía que aprovechara el momento. En eso está.

Hace cuatro años su propia noche era otra: estaba desesperado por hacer cine y nadie lo llamaba. Se dijo: "Se van todos a la mierda. Voy a hacer mi propia película y voy a ser el protagonista". Así fue. Había empezado a filmarla con un amigo que, al año del rodaje de esta aventura que demandó cuatro años, se alejó. En ese otro momento pensó: "Estoy haciendo una película de alguien que está solo y me quedo solo. No debe ser casual". No casualmente su propia soledad fue custodiada por la productora El Pampero y por dos de sus expertos: Mariano Llinás y Alejo Moguillansky.

Aunque trabajó en varias películas (Historia del miedo, Castro, Lluvia), su recorrido está ligado al teatro. De hecho es uno de los actores de Duros, de Lisandro Rodríguez, y hasta hace unos días hizo Adonde están los muertos (lado A), creación del grupo Krapp (algo así como su banda). A causa de ese montaje, Mariano Llinás escribió estas líneas: "La elegante belleza de Cary Grant; la melancolía de Delon en El samurái; la contagiosa risa de Satanás, y el mismo horrendo brillo en sus ojos; una copiosa vida sentimental que haría ruborizarse a Sardanápalo o a Calígula y convertiría en niños de pecho a Landrú o a Sade: Todos estos inquietantes elementos coexisten en «El Bebe»; el ángel negro del arrabal, el incansable...

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