El sueño del que el Ciclón no despierta

 
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El hombre avanzaba como podía, apretujado por una masa humana que le hacía difícil caminar. Ya era entrada la madrugada pero en la "nave" del Nuevo Gasómetro, ese espacio ahora emblemático debajo de la platea norte, todavía quedaba mucha gente que había perdido la noción del tiempo. Hinchas, familiares de jugadores, periodistas, dirigentes, agentes de seguridad o simples intrusos que no querían dejar de ser parte de un lugar y un momento que sentían irrepetible. Dos ómnibus, el del plantel y otro descubierto les tapaban la visual de la antesala del vestuario. Entonces, el hombre, Matías Lammens, apareció de la nada. "Marruecos, allá vamos", se leía en un sticker estampado en su pecho, igual que en el del feliz séquito que lo protegía. Parecía trasladarse con los pies en el aire y aprisionaba el enorme trofeo como un poseído. Entre las manos del presidente de San Lorenzo, en ese silencio que se hizo durante un par de minutos y que pareció una reverencia, la vieja Copa Libertadores parecía un juguete y no el objeto de tan viejos desvelos.Lammens durmió con la copa. Lo confesó él mismo, sin ningún pudor: la felicidad del Ciclón, a estas horas, habilita todo tipo de locura. Tal vez por eso no quería soltarla, mientras miraba una y otra vez la chapa recién pegada en la base de madera: "2014, San Lorenzo de Almagro, Argentina". Que algún día se grabara esa simple laminita metálica fue la empresa obsesiva de generaciones de cuervos. Mientras para esa bendita copa empezaba un ajetreo que no se sabe cuándo terminará, a unas cuantas cuadras de allí, en el corazón de Boedo, los descendientes de aquellos soñadores bailaban y cantaban, también sin noción del tiempo. Muchos de ellos llegados desde la cancha, donde el sentimiento de la multitud había estado más cerca de la paz que de la euforia. Sin inconvenientes, sin descontrol, sin nada para lamentar: la única afrenta estuvo en la mofa hacia los enemigos de siempre, Boca y Huracán.Antes de pasar la noche en la cama de Lammens ("Es un antes y un después en la vida de cualquiera. A mí me costó dormir porque tuve la suerte de traerme la copa a mi casa. ¿Sabes cómo pesa? Yo dormí con ella y mandé a la flaca [su esposa] al otro cuarto", contó por la tarde en radio La Red), la copa presidió la desahogada y feliz cena de los campeones en un restaurante de la Costanera, con la compañía familiar tan necesaria en los mejores y los peores momentos. Nadie de ellos durmió del todo, porque la excitación era más fuerte y porque la...

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