No deben minimizarse las amenazas al Gobierno

 
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Las amenazas dirigidas al Presidente de la Nación y otros importantes funcionarios deben perseguirse con la ley porque representan un reverdecer de la intolerancia y el preanuncio o movilización de la violencia.

Nuestro país ha vivido una enorme tragedia en épocas recientes que debería habernos vacunado contra todo tipo de violencia y, en esta idea, las amenazas en cuanto realidad y como prolegómeno de acciones más directas deben ser cortadas de cuajo.

La reciente identificación y detención de uno de los presuntos autores de amenazas telefónicas constituye un importante paso adelante. Se trata de un hombre de 48 años que amenazó al presidente, Mauricio Macri.

No deben minimizarse las amenazas dirigidas en contra del primer mandatario, de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y otros altos funcionarios. No se trata de alarmar a la población, sino de evitar, por un lado, el recrudecimiento de estos episodios y, por el otro, impedir que el mal ejemplo cunda alentando a los violentos reales o potenciales.

Hay un grado preocupante de irascibilidad en la sociedad argentina, situación de la que no ha sido ajena la administración que cesó en diciembre de 2015, que hizo del enfrentamiento una cultura y de la descalificación un hábito, que descuidó la seguridad y permitió el auge del narcotráfico promoviendo la corrupción. Pero hay otros factores que vienen desde más atrás, que se resumen en una sociedad que no puede organizar siquiera un partido de fútbol en condiciones normales.

Las autoridades responsables deben perseguir las amenazas, no sólo porque es un deber, sino por todo lo dicho y para detener todo intento real o ficticio que puede alterar la paz. Acierta así el ministro de...

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