Nefastas reelecciones

 
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En un reciente editorial ponderamos la Constitución de la provincia de Mendoza como "la sabia Constitución mendocina" por prohibir la reelección inmediata de gobernadores y vicegobernadores y estipular que debe mediar un período si se aspira a retornar al gobierno.

Así lo establecían en general en sus orígenes las viejas constituciones provinciales. Cuando después de 1955 volvieron a ser reescritas a fin de reafirmar los principios republicanos consagrados en tiempos de la organización constitucional del país, dejaron cerradas las puertas de la reelección inmediata. Se había aprendido de las graves consecuencias dejadas por la reforma de 1949 de la Constitución nacional. Se la había sancionado con la intención oculta hasta último momento de permitir, sin el intervalo previsto en 1853, un segundo mandato presidencial de seis años del general Juan Perón.

La Constitución de Mendoza es tan ejemplar que extiende las mismas restricciones impuestas al gobernador en ejercicio a los parientes de éste. Ha sido una demostración anticipada de sabiduría según lo certificarían más tarde en Santiago del Estero, con sus conductas en dirección opuesta, la familia Juárez, primero, y hasta estos días el matrimonio Zamora. Nepotismo, y del peor.

Se ha hecho público, entretanto, que se pretende reformar la Constitución de Santa Fe. Uno de los argumentos para impulsar esa iniciativa es que sólo en esa provincia y en Mendoza no existe la reelección inmediata. Llama la atención esa osadía del Partido Socialista, que triunfó por escasísimo margen de votos en los últimos comicios.

Es notable que una virtud haya sido tildada de defecto por el hecho de que casi todas las provincias han reformado las constituciones para promover la reelección de sus mandatarios. ¿Alguien podría argumentar que eso ha servido para fortalecer en las últimas décadas las instituciones?

Con igual criterio con el que se ha lanzado en Santa Fe aquella proposición, en Europa pudo haberse afirmado, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, que había que abolir la democracia británica porque era una de las pocas que subsistían en ese continente, entre tantos arrebatos totalitarios.

La cuestión de las reelecciones provinciales en la Argentina comenzó con la supuesta necesidad de contar con dos períodos consecutivos para concretar una acción gubernativa eficaz. Cuando el período adicional se consagró en nuevas reformas, enseguida los beneficiarios "fueron por todo", según una expresión...

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