Del museo al supermercado: la obra de arte como ícono global

 
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PARÍS.- Ningún arte encierra tantos misterios como la pintura. Detrás del trazo de pincel pugnan los enigmas de lo que imaginó el pintor, la huella concreta que dejó sobre la tela, la lectura que realiza el espectador y, por fin, el diálogo -en permanente renovación- que surge entre el público y el cuadro, y que puede prolongarse, a veces, a través de los siglos.

Ese fenómeno, que permite comprender la química que se opera en torno a una obra de arte, no alcanza para explicar la alquimia que requiere un cuadro, una escultura o un simple dibujo para elevarse al nivel de ícono universal del arte.

Explorar ese misterio fue el audaz desafío que se propusieron -en forma simultánea- la Fundación Vuitton, el Grand Palais y el Museo de Orsay, en París, y los Museos Reales de Bellas Artes, de Bruselas.

Las exposiciones organizadas a partir de abril en esas cuatro catedrales del arte aspiran a descubrir por qué El grito, de Edvard Munch; la Venus del espejo, de Velázquez; L'Homme qui marche, de Giacometti o Liz #6 [Early Colored Liz], pintada por Andy Warhol en 1963, se convirtieron en íconos del arte global, con impacto idéntico en Tokio, Nueva York o Buenos Aires.

"Las grandes obras de arte que terminaron transformadas en remeras, tazas de café, delantales de cocina o pósteres son un despojo legal de la sociedad de consumo, que decidió sacarlas de los museos para que todos los mortales pudieran disfrutar de un segmento de eternidad", sugiere la historiadora de arte Francesca Bonazzoli, autora del libro De Mona Lisa a los Simpson. Por qué las grandes obras de arte se han convertido en íconos de nuestro tiempo.

Como toda teoría necesita verificación, Suzanne Pagé quiso someter esa idea a la prueba de una confrontación con el público en la exposición de la Fundación Vuitton, que reúne 60 obras maestras. La curadora de esa muestra no se limitó a alinear las pinturas de Bacon, Picabia, Rothko, Bonnard, Picasso, Chagall, Mondrian, Munch o Kandinsky, junto a las esculturas de Giacometti y Degas. "El punto común de esas obras es que testimonian las rupturas -estruendosas, espectaculares, definitivas- infligidas por esos artistas a la historia del arte en la primera mitad del siglo XX", argumenta la crítica de arte Sabrina Silamo.

La exposición de más de 200 obras de Marc Chagall en Bruselas se concentra en dos aspectos que obsesionaron al artista durante toda su vida: la iconografía de las pequeñas localidades judías de su infancia y las tradiciones...

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