De museo

Si la Argentina fuera una nación rica, sin desempleo, con un ingreso per cápita de fábula, sin pobreza en absoluto, infraestructura envidiable en todos los órdenes, sin corrupción y casi sin delito (dato: no existe ningún país que reúna todas estas condiciones simultáneamente), aún así no tendría los recursos para monitorear todo lo que decimos en las redes. Dejemos de lado -porque es patéticamente obvio- que tal monitoreo constituye un acto de censura previa, plaga que creíamos haber superado en la Argentina.Hay algo más triste y que muestra, de nuevo, la desconexión del mundo real que expone al menos una parte sustancial de la clase dirigente local. Se publican 500 millones de tuits por día. Antes del mediodía de ayer...

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