El mundo reacciona contra el coronavirus; contra el cambio climático, no tanto

 
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Es enfermedad, pánico y cuarentena. Pero, pese a semejante carga, el coronavirus llegó con una noticia no tan mala: aunque sea un poco, el mundo aprendió y cambió.Apenas empezaba el siglo cuando el síndrome respiratorio agudo (SARS) irrumpió con toda la fuerza de un virus desconocido, letal e imparable. Originado en los murciélagos, como se sospecha del coronavirus, emergió en 2002 en China. Sin embargo, el gobierno comunista -siempre secretista- prefirió no informar ni a los organismos internacionales ni a los propios chinos para evitar injerencias o críticas que lo debilitaran. Y el virus creció y cruzó fronteras.Recién en marzo de 2003 la Organización Mundial de la Salud (OMS) entró en acción; la ciencia necesitó un mes más para identificar y secuenciar el genoma, paso vital para el diagnóstico, tratamiento y eventual contención del virus. Finalmente en julio, miles de afectados y más de 700 muertos después, el organismo anunció que estaba a punto de impedir que la epidemia del SARS se convirtiera en pandemia.Los primeros casos de coronavirus aparecieron en diciembre pasado, 17 años después del brote del SARS. A fines de ese mes, el gobierno chino ya había informado a la OMS y tan solo dos semanas después el genoma del coronavirus había sido descifrado. Entre las primeras señales de la existencia del virus y su diagnóstico pasaron unos 45 días.¿Qué sucedió para que el régimen comunista y la OMS aceleraran sus tiempos de reacción y sus medidas de contención y se volvieran más transparentes sobre la verdadera dimensión de la enfermedad?La del SARS fue una de las mayores crisis públicas de la OMS, sobre la que llovieron críticas por la demora y la ineficacia de sus planes de contingencia.También lo fue para la entonces megapotencia en ciernes. Para el régimen comunista, fue una especie de 11 de Septiembre sanitario que dejó en evidencia los peligros de su secretismo, la vulnerabilidad de su infraestructura de salud y la desconfianza de los chinos de su propio gobierno.El miedo del régimenChina y la OMS aprendieron: ambos entendieron la amenaza y la urgencia del coronavirus y pusieron en marcha inmediatamente planes conjuntos de diagnóstico y contención.Pekín, que luego del SARS invirtió profusamente en biotecnología y en la construcción de laboratorios de vanguardia para la detección de enfermedades, tomó una medida tan extrema como inédita en la historia reciente: confinar a millones de personas en sus ciudades.Lo hizo con tal de evitar...

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