Los múltiples dilemas de un presidente 'pesificado'

 
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Un prestigioso economista argentino explicó días atrás, ante colegas extranjeros, que "Mauricio Macri está pesificado". Se refería al fenómeno que rige la dinámica política desde que, en abril pasado, comenzó la incertidumbre cambiaria. La imagen presidencial se devalúa con el peso, y se recupera cuando la moneda se estabiliza. Esta correlación es tan automática que, para la Casa Rosada, las posibilidades de reelección de disminuyen en la medida en que aumenten las de una corrida hacia el dólar. El temor a esa tormenta ha determinado, en los últimos días, un cambio de conducta en el núcleo más íntimo del oficialismo. El Presidente restauró su relación con y dañada desde septiembre.El resultado es la incorporación de esos dos dirigentes al equipo de campaña que lidera Marcos Peña. También precipitó un acercamiento del radicalismo haciaEl impacto del tipo de cambio sobre la candidatura de Macri es el síntoma de un problema más complejo. La demanda de dólares se explica por la perplejidad electoral. En especial por la evidencia de que sigue siendo la candidata más competitiva del PJ. Los radicales conocen ese calvario. La aprensión que en el ocaso del gobierno de Raúl Alfonsín provocaba el avance de Carlos Menem, con su bandera del salariazo, desmoronaba el Plan Primavera. El 6 de abril de 1989 Clarín titulaba "El dólar cerró a 48 australes y las tasas están muy altas". Estaban en 31%, en el peor de los casos.Sería un disparate equiparar la situación actual con aquel infierno. Pero, como entonces, las variables se disparan no solo por el temor a lo que podría venir. También opera un problema objetivo subyacente: la inflación. El estado de ánimo de Macri y de sus principales colaboradores se ensombreció cuando, el último 14 de febrero, el Indice de Precios al Consumidor consignó una suba del 2,9% para enero. Al mes siguiente empeoró: 3,8%. Abril traerá también malas noticias. Lo más preocupante no es que esos porcentajes fueran altos, sino que no coincidieran con los esperados por los propios funcionarios. Las alegrías de febrero se postergan hasta mayo. Esa desviación es relevante porque el Gobierno, que hace tiempo que se resignó a no ofrecer bienestar, aspira a ofrecer previsibilidad. Pero la inflación condiciona el tipo de cambio, y viceversa. El público busca en el dólar un refugio frente al incremento de los precios. Y los precios, a la vez, se incrementan por el encarecimiento del dólar.Las señales de alarma en la consola oficial...

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