Mujer y trabajo

Autor:Romina Guadagnoli - Julieta Marucco
Cargo:Abogada, egresada de la U.N.L.Z., miembro de la ONG Centro de Estudios e Investigación de la Mujer “Elvira Rawson”, de la Red de Monitoreo para prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer de la Pcia. De Bs. As. y del Instituto de Derecho del Trabajo del Colegio de Abogados de San Nicolas - Licenciada en Ciencia Política, egresada d
RESUMEN

En este diálogo dos mujeres conversan sobre el sentido y el destino del género.

 
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Dos mujeres y una conversación. Esta vez: sobre la mujer y el trabajo.

Julieta:

Para hablar de la opresión de la mujer, debemos abordar la relación de la mujer con el trabajo. Sin lugar a dudas, a una mujer sin independencia económica le va a resultar difícil salir de una relación violenta. A su vez, la falta de trabajo hace que las mujeres vivan situaciones violentas, como la prostitución. Incluso, las promesas de trabajo son uno de los recursos utilizados por las redes de trata para capturar a sus víctimas. Asimismo laprecarización laboral de las mujeres y el miedo a quedar sin trabajo por un embarazo las lleva a practicar abortos clandestinos altamente riesgosos. También tenemos el problema de los acosos laborales y la inequidad salarial planteada entre el hombre y la mujer.

En la vida del ser humano, el trabajo es un aspecto fundamental. Por eso me parece importante que ahondemos en los problemas que tiene la mujer en ese terreno en particular.

Romina:

Para abordar los problemas de la mujer en el ámbito laboral es necesario entender que gran parte de dichos problemas se derivan de los estereotipos de género, que pese al gran a avance social en materia de los derechos de las mujeres y la no discriminación, continúan en muchos ámbitos aún demasiado impregnados, y el ámbito laboral es justamente uno de ellos.

Debemos comprender primeramente que los estereotipos de género son el conjunto de características que social y culturalmente se asignan a hombres y mujeres. A través de estos estereotipos en el ámbito del trabajo se refuerza y se normaliza la idea de que la mujer debe dedicarse a cuestiones hogareñas o de servicio, y el hombre a cuestiones vinculadas a la autoridad y al poder.

De esta forma, por ejemplo, las profesiones y trabajos vinculados al servicio a terceras personas están ocupados en su mayoría por mujeres, ello sustentado en el estereotipo de género conocido de que en la mujer es inherente el rol de madre y esposa al servicio de sus hijos y esposo. Eso trasladado al plano de lo público y dentro de éste al ámbito laboral, se traduce en que en profesiones como la docencia, enfermería o el servicio doméstico, consignado aquí como empleados de casas particulares, sean amplia mayoría las mujeres. Y son profesiones que más allá de su importancia para la sociedad, (detengámonos por un segundo a pensar que la educación es el pilar fundamental de toda sociedad) están mal remuneradas.

Siguiendo con este análisis, dichos estereotipos consolidan una práctica conocida como"techo de cristal", que determina que la mujer no pueda acceder a puestos laborales jerárquicos, y dichos cargos son ocupados por hombres, puesto que social y culturalmente son los hombres los que tienen el rol de autoridad.

Lo hasta aquí expresado puede ser fácilmente entendido con el siguiente ejemplo que se corresponde con mi experiencia personal:

Graciela Vargas (Subsecretaría de Promoción de Derechos Humanos) en una reciente disertación expresaba los siguientes datos estadísticos: 1914 había solo 6 mujeres abogadas, y hoy el 60 % de los alumnos de las Facultades de Derecho son mujeres. Pese a ello, y si bien en la matrícula de San Nicolás, donde me encuentro matriculada, las mujeres somos amplia mayoría, en el Consejo Directivo del Colegio de Abogados hay solamente 2 abogadas mujeres, de un total de 12 miembros. Asimismo, en los estudios jurídicos más importantes de la ciudad los hombres están al frente. Se observa claramente entonces que, pese a la importante inserción de la mujer en el ámbito legal, las posiciones jerárquicas están ocupadas por hombres. Y así surge claramente el techo de cristal, y el hombre asociado a la voz de autoridad.

Por otra parte, me ha tocado vivir en carne propia situaciones de inequidad laboral sustentadas en estereotipos de género. Así, en distintas entrevistas de trabajo me indagaron sobre cuestiones que nada tenían que ver con mi capacidad profesional para acceder a un puesto. Me preguntaron si estaba de novia, si planeaba casarme en el futuro, si iba a ser madre en lo inmediato o en lo futuro. Me manifestaron que para el fuero penal buscaban hombres, porque era un trabajo “muy duro” para una mujer. Tomé conocimiento de que en una determinada dependencia no se tomaban mujeres porque “después quedaban embarazadas, había que darles la licencia por maternidad con lo cual faltaban mucho tiempo”.

Creo que con lo aquí expuesto queda concluida la idea de la relación entre los estereotipos de género y algunos de los problemas que sufre la mujer en el mundo del trabajo.

Julieta:

Me interesaría detenerme en el origen de los estereotipos de género. Podríamos hablar de la opresión de la mujer en otros sistemas sociales y por tanto, económicos. Pero sería una extensión innecesaria. Por eso pasaré directamente al sistema que vivimos: el capitalista. La mujer en el sistema capitalista ha ingresado al mercado laboral en los momentos de crisis del capitalismo. La crisis capitalista del siglo XX ha llevado a guerras mundiales, ha costado mucha sangre. En este marco, la mujer empieza a trabajar para ocupar los puestos de los hombres que estaban destinados a la guerra. Ahí, a mi entender, se plantea con más fuerza que la mujer trabaje por fuera del hogar. Pero no para igualar su condición y aptitud para el trabajo o por su independencia económica, sino por una necesidad productiva. Ahora bien, en Argentina el ingreso mayoritario de las mujeres al mercado laboral, también se da a partir de una crisis económica. La mujer entra al mercado laboral porque el salario del jefe de familia no alcanza. O porque su marido ha sido despedido como producto del cierre de fábricas. Por lo cual, el mercado laboral absorbe a mujeres que pasaron muchos años en el hogar, sin ningún tipo de experiencia laboral y mucho menos sindical. Es decir que han tomado el trabajo femenino como una variable de ajuste. Justamente la tasa de participación económica femenina aumentó de forma sostenida en la década del ‘90. Exactamente en el momento de mayor privatización, comienzo de una época de cierre de industrias y rebajas salariales. Se toma el trabajo femenino para complementar un salario que no cubre la canasta básica familiar. Y como sujeto inexperimentado en luchas laborales y de costo laboral menor.

Como bien decías anteriormente, se asocia, en general, a la mujer a trabajos relacionados a servicios. Podríamos agregar que eso se da en una situación de polarización muy profunda. Por un lado, la mujer accede a cargos de poder o profesionales, por otro (que son la mayoría) a trabajos de muy baja calificación y con extrema precarización. Es por eso que se genera una falsa ilusión cuando se ve que la mujer accede a más puestos jerárquicos. Porque la situación mayoritaria sigue siendo la otra. Por tanto en términos comparativos, el hombre sigue accediendo a mejores salarios. Por último, para concluir esta idea, el problema no es exclusivo de la mujer. Si el trabajador es despedido o no llega a su canasta básica con su empleo, devalúa el salario femenino. Por tanto es un problema de los trabajadores en su conjunto. Es lo mismo que sucede con otras categorías de trabajadores. Si el trabajador en blanco gana poco, qué le queda al trabajador en negro. Si la desocupación aumenta, disciplina el salario del ocupado.

Romina:

Es muy claro lo que planteás, y comparto. La mujer aparece entonces en el mercado del trabajo como un factor de la precarización laboral, dato claramente alarmante. Y no es menor el hecho de que tal como lo...

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