Motoqueros: solitarios jinetes de la ciudad

 
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Es casi como una historia de esas viejas películas. Cuentan los más veteranos que este trabajo nació cuando los dueños de varias salas de cine de la ciudad decidieron que era mejor comprar entre todos sólo una copia de las muy caras producciones que venían del exterior en los 80.Entre función y función, el chico de la moto volaba en dos ruedas a otro cine con el rollo bajo el brazo para que otros empresarios pudieran proyectar esa misma película. Los memoriosos recuerdan incluso cómo un pinchazo podía hacer enfurecer a una sala repleta de gente.Solitarios de cemento, tras la explosión de y delivery en los 90, los trabajadores en motocicleta son en la actualidad, según datos gremiales, unos 15.000 en la ciudad. En los últimos días, el aluvión de robos en motos y los esfuerzos espasmódicos de la política para hacer frente a la inseguridad volvieron a poner su trabajo bajo la lupa.No es fácil el trabajo en la calle. Allí, la tarea siempre es de a uno. Por eso, como si fuera un reaseguro para sobrevivir al caos citadino, los motoqueros se amontonan en manadas, que todavía mantienen códigos comunes en base a lazos solidarios. De campera o chaleco, con el casco en una mano, el celular colgando del cuello y un morral cruzado sobre el hombro aparecen juntos en pequeños espacios abiertos del Microcentro donde aprovechan todas las mañanas para revisar sus papeles con los objetivos del día y pulir los detalles de sus motos, generalmente de baja cilindrada.A pesar de lo que dicta el sentido común, el principal enemigo de este trabajador no es el tránsito ni tampoco el clima. Su adversario más peligroso es el tiempo. "Todo es ya. Todo gira en torno del apuro del consumidor", explica a LA NACION Marcelo Pariente, secretario general de la Asociación Sindical de Motociclistas Mensajeros y Servicios (Asimm). A esa necesidad esencial, se suma que el 70% de los trabajadores del sector son informales en un mundo dominado por las mensajerías ilegales. Por eso, muchos continúan trabajando a destajo: cuantos más viajes hacen mayor es el salario.Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar en 2010, con la firma del primer convenio colectivo de trabajo (CCT) para la actividad. Desde ese momento se estableció un piso salarial fijo, que hoy llega a los $ 6998 en mano para las ocho horas de trabajo. Hay trabajadores que llegan a ganar hasta $ 20.000, gracias al excedente de producción, un ítem que aún no está regulado."La actividad todavía es anárquica. Nos queda mucho...

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