El modelo sindical en la realidad actual

Autor:Jorge Jerónimo Sappia
Cargo:Abogado, Docente universitario. Fue Ministro de Trabajo de la pcia.de Córdoba
 
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Exposición en el XIX CONGRESO IBEROAMERICANO DE DERECHO DEL TRABAJO Y DE LA SEGURIDAD SOCIAL(BsAS, noviembre 2013)

En un Congreso de Juristas y en los tiempos que corren signados por las crisis recurrentes que envuelven a los más diversos países del mundo, discurrir sobre la situación actual del modelo sindical no resulta un cometido exento del peligro de exceder el marco de lo jurídico y caer en el ámbito de lo político. Consciente de esa posibilidad y afrontándola, trataré de hacer un análisis sobre la cuestión propuesta, no sin antes dar cuenta de que de cualquier modo el criterio con el que se afronte la definición de las relaciones del trabajo, estará siempre influida de concepciones ideológicas y obviamente políticas.

Lo ocurrido en la Europa post estado de bienestar, en la primera década del Siglo 21, está marcando de algún modo que las reglas de juego a las que habían ajustado su accionar las organizaciones asociativas de trabajadores, es decir los sindicatos, no son las mismas que antes del desemboque del fenómeno que conocemos como globalización. Por ello me apresuro a señalar que los gremios en el mundo, han sufrido las consecuencias de la falta de adecuación a las consecuencias de ese proceso. Es difícil trazar algún tipo de lineamiento acerca de cómo debió haber sido la incumplida adaptación, pero baste con advertir que ese camino aun queda por ser recorrido, a modo de expresión autocrítica.

Apunto que la globalidad que nos envuelve como sociedad mundial, implica que las grandes corporaciones trasnacionales han adquirido tal capacidad de acción que sobrepasan fácilmente a la enorme mayoría de los países en relación a sus posibilidades de influir en términos de desarrollo económico, a punto tal que han intentado dictar las bases de una nueva organización de la sociedad de nuestro tiempo, fundada en la prevalencia de lo económico por sobre lo social. La conveniencia de este fenómeno en el plano de las relaciones de trabajo, se visualiza en la generación de altas tasas de desempleo, la instalación de mecanismos de precarización de las bases jurídicas de regulación de las relaciones de trabajo, el impulso a las diversas formas de otorgar discontinuidad al vínculo laboral, entre otras derivaciones. El crecimiento de la desocupación que llegó de la mano de la teoría de la competitividad y de la incorporación tecnológica, arribó juntamente con el desarrollo de las tesis flexibilizadoras que con el pretexto de la rebaja del costo laboral pretendieron suprimir o limitar derechos que habían sido reconocidos a los trabajadores en los momentos posteriores a ambas guerras mundiales. Los cambios aludidos fueron la matriz de los mecanismos de tercerización merced a los cuales se armó un escenario difuso donde el empleador quedó escondido tras diversos artilugios seudo jurídicos. Allí corresponde situar la recurrencia a la locación de servicios para disfrazar relaciones típicamente laborales, o la interposición de presuntos tercerizadores, las más de las veces sin solvencia ni responsabilidad, todo ello sin contar la utilización fraudulenta de pasantías, becas, y contrataciones eventuales. Merece citarse la contratación de empleados públicos bajo esas máscaras, en países tan distantes como Guatemala y Argentina. Sobre esa coyuntura advino aquella discontinuidad a la que aludo, que relegó la imagen del operario que ingresaba a una industria para jubilarse en ella. No obstante algunos advirtieron la injusticia de esa nueva realidad e imaginaron algunas ideas de relevo, pero que no alcanzan a desfigurar el panorama planteado. En ese sentido el planteo de la flexiseguridad pudo haber sido eficaz en Dinamarca, pero aparece como una broma patética en los países de nuestra América Latina, incapaces de sostener al menos un sistema de Seguridad Social que provea una decorosa atención a la contingencia vejez.

Este panorama ha impulsado un esquema de desequilibrio, en el plano de las relaciones laborales. Aquella concepción según la cual los trabajadores se coaligaron para reemplazar su minusvalía negocial ante el empleador, por una organización colectiva con mayor capacidad de terciar en la relación de cambio que involucra el vínculo laboral, ha entrado en crisis. Esa enorme y creciente capacidad para imponer condiciones que evidencian las grandes corporaciones ha desnivelado lo que se había equilibrado con la acción sindical. El escenario de hoy muestra sindicatos débiles y una tasa de afiliación mínima, salvo casos como el de Bélgica, donde las prestaciones sociales a cargo de los gremios, ha mantenido un buen nivel de adhesión de los trabajadores. También puede decirse lo mismo de Argentina, en el concierto latinoamericano.

Declaro una falta de advertencia de este proceso en el ámbito laboral mundial, por parte de las organizaciones gremiales representativas de los trabajadores. Fueron sorprendidas por el impacto de la desocupación que siguió a la crisis del petróleo y antes que salieran de la perplejidad, sufrieron el arrollo de la flexibilidad laboral. Esto llevó a muchos sindicatos frente a la crisis, como en algún caso italiano u otro tanto en España, a prestar asentimiento a la rebaja de condiciones laborales para sostener el empleo. Algo de eso ya había ocurrido en nuestro país, con la crisis del tequila y luego con la del año 2001, mediante el expediente del procedimiento preventivo de crisis.

Debería este análisis detenerse en el caso español, donde el sindicalismo se colocó en situación de espectador ante el gobierno que acudió a la rebaja de salarios, de indemnizaciones por desahucio y disminución de las prestaciones de la seguridad social como paliativo, activado a costa de los trabajadores, frente a los desaguisados del oficialismo y el fracaso de las maniobras especulativas de las grandes corporaciones. Señalo esto, porque fueron los indignados los que ocuparon el lugar de las organizaciones representativas del mundo laboral, solo para protestar, sin que el sindicalismo pudiera advertir que estuvo ausente en la lucha por la superación de la crisis y más aún en prepararse para estar en condiciones de intervenir en la construcción de una nueva realidad.

Frente a estos sucesos en el mundo, descriptos raudamente y en modo desordenado, el Congreso...

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