Los mitos de Kirchner y Alfonsín

La enumeración de los mitos de la historia argentina, aún antes de haber definido con cierta precisión el objeto nombrado, surge casi como un acto reflejo: están los mitos contrapuestos, en los que la simpatía por uno existe en la medida de la negación de su contrario, como unitarios/federales o Sarmiento/los caudillos; por otra parte, podría hablarse de un mito positivo, el de la saga de los inmigrantes llegados al país que, con austeridad y trabajo, contribuyeron a levantar una nación que se situó "entre las más prometedoras" del orbe. Después, hay otros mitos estrictamente personales, como los de Carlos Gardel, Juan Domingo Perón y Evita. También hay mitos vivientes que es innecesario citar.

Se sabe que los mitos se construyen para permanecer a lo largo del tiempo, que crean su propia necesidad social, que son tranquilizadores o revulsivos, aunque no tengan por finalidad reflejar la rigurosa verdad de los acontecimientos. A esto último procura acercarse la historia misma, con otros instrumentos: la investigación, el uso atinado de documentos y testimonios, la búsqueda de la objetividad, por más que le siga costando responder a la pregunta central: ¿los hechos son los hechos o la interpretación de los hechos?

Si buscamos la definición tradicional de mito, nos encontraremos con "narraciones maravillosas", pobladas de personajes "divinos o heroicos" que poseen capacidades fundacionales. La remisión a la antigüedad grecolatina es inmediata. El concepto tiene vinculación metafórica con la idea de "grandes relatos", muy utilizada para hablar del final de éstos a partir de la segunda mitad del siglo XX, por ejemplo, por Jean-François Lyotard, al referirse a la crisis de la ortodoxia marxista. Pero la acepción de mito que no puede desecharse aquí es la de "persona o cosa" a la que se atribuyen "cualidades o excelencias" que en general no tienen, o no en la cantidad atribuida. Roland Barthes, en las Mythologies (1957), un libro de breves ensayos y notas que ejerció mucha influencia en su momento, afirma que "el mito es un lenguaje" y que es usado por la ideología "pequeñoburguesa" para convertir en "natural" lo que es meramente cultural. Para ello somete a análisis desde el rostro de la Garbo y el cerebro de Einstein hasta el strip-tease y el arte vocal burgués.

Jamás una sociedad deja de elaborar sus mitos: los necesita para confirmarse. En ese sentido, estamos asistiendo a la construcción de dos mitos personales, para el caso de las dos figuras...

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