Los mitos de George Benjamin

Hay casos, muy pocos, en los que algunas obras tienen una maduración crítica sumamente veloz, de modo que casi enseguida son elevadas a la condición de modelo de su género. La ópera Written on Skin, del compositor inglés George Benjamin y el dramaturgo Martin Crimp tuvo su estreno mundial en el Festival International d'Art Lyrique de Aix-en-Provence en 2012. Al año siguiente llegó a la Royal Opera House de Londres y ya este año a Barcelona y Madrid. Que el Teatro Argentino de La Plata haya preparado ahora su estreno nacional muestra a la vez el rápido ascenso de esa ópera y lo reflejos de la dirección para advertirlo. La versión del Argentino tendrá además la particularidad de que la realización musical estará a cargo de Lucas Urdampilleta y la puesta en escena, de Cristian Drut; los dos directores hacen aquí su entrada en el mundo grande de la ópera

Lo curioso es que el camino de Benjamin no parecía predisponerlo especialmente para el género lírico. Fue el discípulo más cercano, acaso también el más querido, de Olivier Messiaen, y el maestro dejó una única obra para la escena: su insondable San Francisco de Asís. Tras la muerte de Messian fue Benjamin junto con Yvonne Loriod, la viuda, quien se encargo de completar el Concert à quatre. "Empecé a estudiar con Messiaen en 1976, cuando yo tenía 16 años -cuenta Benjamin-. Recuerdo sobre todo su independencia de espíritu y su curiosidad sin límites, su intransigencia artística combinada con la mayor amabilidad humana y amor apasionado por la música, algo que se reflejaba en su entusiasmo y generosidad. Era el maestro más sensible, dedicado y sutil que se pueda imagina. Por eso los alumnos lo queríamos tanto.

-¿Qué rasgos de la escritura de Messiaen detecta en su propia música?

-Si bien mi obra fue cambiando desde la época del Conservatorio de París, creo que algunas cosas en las que él insistía mucho, como el desarrollo de la armonía y el ritmo, siguen siendo cruciales para mí. Otros elementos, por ejemplo el acercamiento a una forma orgánica y a la polifonía, tuve que buscarlos yo solo. Pero lo propio del buen maestro es darle al discípulo la capacidad de enseñarse a sí mismo. En mis clases en el King's College de Londres intento seguir, a mi manera, el ejemplo de mi maître. De paso, le cuento que una de mis colegas allí, y muy valorada, es la compositora argentina Silvina Milstein.

-¿Cómo recuerda ahora los años parisienses?

-Con mucho cariño y gratitud. Además, sigo manteniendo con Francia...

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