El mito del Porsche 550 Spyder de James Dean: por qué es famoso el Little Bastard

 
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Dos décadas antes de ser investido por George Lucas con la sabiduría de Obi-Wan Kenobi en Star Wars, Sir Alec Guinness ya demostraba que la Fuerza estaba con él dándole dotes de visionario. "Este auto parece siniestro; me temo que si lo conduces vas a estar muerto en una semana", exclamó el actor británico al observar el reluciente Porsche 550 Spyder que más tarde sería bautizado como el Pequeño bastardo. El destinatario de la profecía era un joven colega, propietario de la máquina, a la que pretendía acelerar hasta las 150 millas por hora. El episodio ocurrió en la puerta del restaurante Villa Capri, en Hollywood.

Seis días más tarde, el 30 de septiembre de 1955, el Porsche era una retorcida masa de acero y su temerario dueño estaba muerto.

Ya es una cursilería afirmar que el joven James Byron Dean (1931, Marion, Indiana) murió tan rápido como vivió. Solo dejó tres películas (Al este del paraíso, Gigante y Rebelde sin causa) y sólo corrió tres carreras, entre marzo y mayo de ese año. Iba camino a disputar la cuarta cuando sufrió el accidente en el que perdió la vida. La historia de ese vehículo sigue sumergida en la controversia.

El Porsche 550 Spyder gris, chasis N° 0055, motor de 4 cilindros y 110 HP N° 90-059, caja de velocidades de 4 marchas N° 10-046, había sido entregado al agente de la marca en California, Johnny Von Neumann, en julio de 1955. Y no era el auto que Dean pretendía para seguir su carrera.

El actor había conducido su Porsche Speedster de 1500 cc en Palm Springs (ganó una serie a 6 vueltas y fue 3° en la final), en Bakersfield (3° en la serie, 9° en la final) y en Santa Bárbara (abandonó por problemas con un pistón). Dejó de competir por un tiempo por decisión de la Warner Brothers, que lo tenía contratado, mientras filmaba sus últimas dos películas. Pero quería algo más potente para su reaparición en las carreras de autos sport para aspirantes a pilotos profesionales, que eran furor en los aeródromos de California. El coche ideal para ese sueño no era un Porsche, sino un Lotus.

El Lotus IX, producido en Hornsey, al norte de Londres, por la incipiente compañía de Anthony Colin Bruce Chapman -quien manejó uno de ellos en las trágicas 24 Horas de Le Mans de 1955- era sumamente exitoso en las carreras del Sports Car Club of America (SCCA), de manera que Dean encargó uno al importador, Jay Chamberlain.

Pero Chapman ya había comenzado a producir el Lotus X, del que solo se fabricaron 6 ejemplares, y fue uno de ellos el que...

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