Sentencia Definitiva de Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires, 19 de Marzo de 2003, expediente AC 79446

PresidenteNegri-Pettigiani-de Lázzari-Hitters-Salas
Fecha de Resolución19 de Marzo de 2003
EmisorCorte Suprema de la Provincia de Buenos Aires

Dictamen de la Procuración General:

La Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Azul -Sala I- confirmó la sentencia de primera instancia que a su turno había hecho lugar a la demanda promovida por el Sr. M. contra la Sra. S. de M. así como a la reconvención de ésta contra aquél decretando el divorcio por culpa de ambos basada en la causal de injurias graves (fs. 443/450).

Contra este pronunciamiento se alza la demandada reconviniente -por apoderado- mediante el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley de fs. 453/457.

Lo funda en el absurdo y arbitrariedad de la sentencia al tener por acreditadas las injurias graves a ella atribuídas y, al mismo tiempo, no considerar demostrada la causal de abandono voluntario y malicioso en que incurriera el actor (fs. 454/457).

El recurso no puede prosperar.

L. diré que se ha incumplido aquí la carga que plasma el art. 279 del Código Procesal Civil y Comercial respecto del recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley cuando requiere que el “escrito por el que se deduzca deberá contener, en términos claros y concretos, la mención de la ley o de la doctrina que se repute violada o aplicada erróneamente en la sentencia, indicando igualmente en qué consiste la violación o el error”.

En efecto, no consta la mención de norma violada alguna. Ello resulta de trascendencia en tanto se traen a esta instancia extraordinaria cuestiones de hecho y prueba y el vicio que se invoca -absurdo- posee una íntima vinculación con la inobservancia de las mandas rituales que gobiernan la tarea axiológica del juzgador (conf. S.C.B.A., Ac.57.619, sent. del 11-7-95; Ac.60.383, sent. del 4-6-96).

Sin embargo y aún superando este escollo formal, diré que la recurrente no logra acreditar acabadamente la existencia de la anomalía que aduce.

El absurdo, definido como “el error palmario, grave y manifiesto que conduce a conclusiones contradictorias, inconciliables e incongruentes con las constancias objetivas de la causa siendo su demostración fehaciente y su percepción ostensible” (conf. S.C.B.A., Ac.74.337, sent. del 23-8-00) no se observa -por otro lado- en el fallo en crisis.

El “a quo” realiza una ponderación de las testimoniales recibidas y así, en uso de facultades que le son propias a los tribunales de las instancias ordinarias, llega a la convicción de que han ocurrido los hechos denunciados en la demanda y que los mismos han tenido la entidad suficiente como para constituir injurias graves (conf. S.C.B.A., Ac.74.428, sent. del 30-5-01).

Sabido es que este tipo de eventos, por darse en el seno familiar, resulta de muy difícil acreditación por prueba directa. En este contexto se ha desarrollado la tarea valorativa del juzgador recurriendo a indicios brindados por diferentes testigos en base a los cuales conforma su convicción.

La quejosa se limita a cuestionar la idoneidad de algunos de los deponentes (no todos tenidos en cuenta en el fallo) indicando cómo debieron ser apreciados sus dichos. Tal criterio -por respetable que sea- no es suficiente para demostrar la presencia del grave vicio lógico que le endilga al decisorio y único motivo que lograría echar a andar la maquinaria casatoria con relación a típicas cuestiones fácticas...

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