Mea culpa empresarial en una sesión de terapia con Jorge Lanata

 
EXTRACTO GRATUITO

MAR DEL PLATA.- La pregunta más inocente dio lugar a la respuesta más provocadora y, segundos después, a una especie de mea culpa generalizado. Suele pasar. "¿Cuál sería su pedido a este grupo?", había querido saber Sean Summers, directivo de Mercado Libre, que seguía de pie frente al orador invitado, el periodista . Es un panel que el viene presentando desde hace varios años y que consiste en que, mediante una charla a cara descubierta con el expositor, los empresarios se escuchen a sí mismos y reflexionen sobre temas diversos. Pero Lanata los descolocó con la respuesta. "En principio, no puedo creer que gente con tanta plata sea tan cobarde", contestó, y desencadenó un aplauso.

Con el salón repleto, las risas y el estupor parecieron envalentonar al periodista, que se explayó y endureció la idea con que había arrancado. "Es una vergüenza que no hayan tenido representación, una voz, durante los años del kirchnerismo. No sé si tomaron conciencia de lo que fueron esos años. Repasen la entrada de Guillermo Moreno en una asamblea a los gritos y hablando de boxeo. ¿Cómo se bancaron eso? ¿Por cuánto lo hicieron? ¿Por 50 palos? ¿Por 10, por 15? ¿No se dan cuenta de que fue imbécil hacerlo por eso? Yo soy empresario. Llevar una idea propia a cabo es increaíble: me emocioné la primera vez que escuché al diariero gritar «¡Clarín, LA NACION, Página 12!». Ustedes tendrían que estar orgullosos de ser empresarios. Pero en la Argentina da vergüenza. Todos tienen acá un Renault 12 modelo 80 y la Ferrari en Punta del Este. Nos hacían falta los empresarios en el kirchnerismo y no estuvieron".

La charla, que había girado en todo momento en derredor de la posibilidad de que la Argentina tuviera un futuro, se detuvo entonces en el pasado: en el miedo, en el vacío que dejan quienes hacen silencio frente a fanáticos que avanzan. "Creo que, en el caso del campo, no fue así", le objetó Luis Miguel Etchevehere, presidente de la Rural, el único que cuestionó el planteo. Unos pocos lo aplaudieron. "Es doloroso, pero es así", asentía al salir una de las ejecutivas.

¿Qué lleva a una persona a celebrar las palabras de quien lo define en público como cobarde? Una posibilidad, bastante generalizada en el establishment, es que piense que la acusación no va dirigida a sí mismo...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA