Manuela: 'No hay lugar donde se pueda ocultar, pues lo voy a encontrar: debe estar preso'

 
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Manuela, hace un año, quedó marcada para siempre. Hoy, con el paso del tiempo, esta mujer de 21 años está más fuerte que nunca: "No hay lugar en el mundo donde se pueda ocultar, porque yo lo voy a encontrar; este tipo debe estar preso".

Aquella madrugada del 18 de abril de 2015 marcó un punto de quiebre en la vida de "Manu", como le dice su mamá. Un hombre se aprovechó de la vulnerabilidad en la que se encontraba la joven estudiante, que se había quedado sola y sin dinero. Acababa de salir de un bar en Colegiales y, luego de un viaje con destino incierto, la violó dentro del taxi. Más tarde, la dejó abandonada en una calle solitaria del barrio de Villa del Parque. Cuando los vecinos la socorrieron, la víctima sólo podía gritar y repetir tres palabras: "¡Me quiero morir!".

Pero esa idea rápidamente se esfumó cuando pensó en que no podía dejar sola a su mamá, Adriana, "la mujer que hizo todo por mí". Cuando los primeros días más tristes transcurrieron, la víctima supo lo que iba a hacer: "No quería perder el control de mi vida".

El desconsuelo la embargaba y aun así no se dejaría caer. Iba a ir por lo que le debían y todavía continúan adeudándole: justicia. Ahora se siente más plantada como persona, relata a LA NACION, pero, eso sí, el hecho le provocó un sentimiento que nunca había vivido: el odio. Mientras lo reconoce sus ojos se humedecen de tristeza.

Investigación con vaivenes

La investigación tuvo algunos vaivenes. Horas después del abuso, fue detenido un chofer sospechado de ser el responsable del violento hecho. Pero Manuela fue tajante en ese proceso duro que representa una rueda de reconocimiento. No se trataba de su agresor. Y las pruebas tampoco lo implicaban.

El número del rodado que recordaba la mujer, el 611, pertenecía a la patente del taxi, y no se trataba del número de interno de una empresa de radiotaxis, como lo era el vehículo del otro taxista aprehendido. "Y si bien fue desvinculado del caso, ese hombre, cuya apariencia y voz no coincidían tampoco con lo que relató Manuela, sigue imputado", cuenta el abogado de la víctima, Fernando Soto.

Un día, una mujer se presentó ante una comisaría de Avellaneda y dijo que su marido le había confesado que había abusado de Manuela. Fue la propia víctima quien señaló, entre varias fotografías, a Tito Franklin Ayllon Escobar, 44 años, de nacionalidad boliviana, como la persona que abusó de ella. Otra vez, tuvo que enfrentarse a él. Pero esta vez era sólo una imagen.

Manuela lo reconoció...

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