¿Es malo Dios para la vida?

Autor:Leonardo Boff
RESUMEN

Recientemente ha estado entre nosotros el renombrado biólogo darvinista Richard Dawkins afirmando que Dios no es bueno para la salud humana y que «Dios es un delirio», que por otra parte es el título de un conocido libro suyo. Casi simultáneamente salió otro libro de un renombrado filósofo y teólogo anglicano, Keith Ward, que sin pretenderlo dio una respuesta a Dawkins. Su libro se titula: Dios,... (ver resumen completo)

 
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Después de explorar más de tres mil años de reflexiones sobre Dios, tranquilamente, con el humor inglés que lo caracteriza, Ward podría escribir: Dawkins, un delirio.

La pregunta fundamental que suscita su libro es: ¿qué es lo que quieren decir los humanos cuando dicen «Dios»? ¿Por qué las culturas han planteado desde siempre el tema de Dios?

Ward comienza con la mitología griega, cuyo panteón está repleto de dioses y diosas, pero se adhiere a la interpretación propuesta por C.G. Jung y por Campbel, según la cual en el panteísmo no tenemos que ver con múltiples divinidades sino con múltiples formas de presencia divina en la naturaleza y en la vida humana. Las divinidades no son seres subsistentes, representan energías poderosas y creativas para las que nos faltan palabras adecuadas para describirlas. Entonces se usan nombres divinos y mitos.

Ward pasa por los grandes representantes del pensamiento occidental, sin olvidar a sus paralelos orientales, que se enfrentaron detenidamente al problema de Dios. Muestra la gran ruptura que se dio entre el pensamiento clásico greco-cristiano para el cual Dios representaba la eternidad, lo inmutable y la pura trascendencia, y el pensamiento moderno, que entiende la realidad como mutación y evolución, cargada de virtualidades que apuntan en varias direcciones.

Estudia especialmente la figura de Hegel, porque fue el quien introdujo a Dios en la historia, o mejor, hizo de la historia la forma como Dios se muestra (tesis), se autoniega (antitesis) -entrando en los avatares de la condición temporal- y retorna sobre sí mismo llevando toda la riqueza de su paso por la evolución (síntesis). Su esencia como Espíritu absoluto es ser dinamismo, mutación, libertad y creación. Ve en el propio concepto cristiano de la Trinidad, la dialéctica divina de la historia: el poder autoafirmativo que se muestra como Padre, la sabiduría que se revela como Hijo y el amor unitivo que se concreta como Espíritu Santo.

Ward muestra las implicaciones lingüísticas y filosóficas que la temática de Dios encierra. Van desde el discurso llano del fiel que identifica la imagen de Dios con Dios mismo, pasando por el discurso analógico de los teólogos...

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