Las mafias, el enigma que debe despejar Macri

 
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En las elecciones bonaerenses del año pasado, María Eugenia Vidal obtuvo 475.000 votos más que Mauricio Macri. Y Aníbal Fernández, 330.000 menos que Daniel Scioli. Ese corte de boletas produjo lo impensado: que Macri no llegara a la presidencia a pesar de la provincia de Buenos Aires, sino por la provincia de Buenos Aires.

Detrás de esa rareza hay una evidencia. Cambiemos está en el poder porque la mayoría del electorado vio en esa coalición al mejor agente de una regeneración institucional. En el repudio a Fernández, y en la consagración de Vidal y Macri, no hubo una carambola. Hubo un encargo: que la administración que asumiría el 10 de diciembre rompiese la cadena que ata la política al delito.

Por eso, para el Gobierno la estabilización de los precios y la superación de la crisis energética son necesidades. Pero la reparación moral es un mandato. Ésta es la razón por la cual la crisis que se desató en la Aduana con Juan José Gómez Centurión o el constante desafío que el aparato de seguridad de la provincia dirige hacia Vidal son mucho más relevantes que la aprobación de las tarifas o la derrota de la inflación. A ocho meses de haber llegado a la Casa Rosada, Macri debe despejar un interrogante estratégico: qué va a hacer frente a las mafias.

La denuncia contra Gómez Centurión espera una respuesta judicial. Sólo se sabe que las grabaciones de la denuncia anónima que presentó la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fueron editadas.

La voz del funcionario fue injertada en un collage de conversaciones que, por lo que indica el ruido ambiente, sucedieron en momentos diferentes. Gómez Centurión debe aclarar sus contactos con Oldemar Barreiro Laborde, a quien en Tribunales investigan por contrabando. Sobre todo un encuentro en el Buenos Aires Design. ¿Fue allí en busca de dinero o, como él jura, de información? Macri quiere resolver el enigma. Pero, como hizo el martes pasado frente al Gabinete, avala al funcionario.

Mientras se resuelve si a Gómez Centurión lo sorprendieron in fraganti o le tendieron una trampa para inhabilitarlo, queda pendiente un problema más complejo. El director de la Aduana suspendido había investigado una red de contrabando y tráfico de drogas con vinculaciones sistemáticas con los servicios de inteligencia. En el núcleo de ese negocio hay una sustancia: la efedrina. El funcionario también detectó que, entre 2012 y 2015, la adulteración de declaraciones juradas permitió desviar unos US$ 14.000 millones. Cuando se...

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