Macri y la otra manera de hacer política

 
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Con los gobernadores contentos, es difícil que el Senado lo boicotee al Presidente. Si los sindicatos históricos tienen dinero en sus manos, es casi imposible que la protesta supere las palabras. Mauricio Macri tomó ambas decisiones en la última semana: comenzó a devolverles fondos de la coparticipación a las provincias y les dio a los sindicatos los inestimables recursos de las obras sociales. Por esos mismos días ordenó que se convoquen cuanto antes las audiencias públicas por los aumentos de tarifas; la Justicia le había reprochado fundamentalmente la ausencia de esas audiencias.

No es cierto, entonces, que Macri no hace política; la hace de otro modo. Su estilo es directo y frontal. Como un ingeniero que investiga las posibles fallas de una estructura, el Presidente comprendió la historia de los últimos 33 años. Los presidentes no peronistas fueron acosados por el peronismo desde el Senado y los gremios. Alfonsín y De la Rúa perdieron esas batallas, y luego perdieron la gobernabilidad y el poder. La Justicia, por lo demás, había convertido en nada el sinceramiento de las tarifas.

Al Presidente le quedan sólo dos grandes problemas: la economía estancada e inflacionaria y el conflicto por los aumentos de las tarifas de los servicios públicos. Amigos y enemigos de Alfonso Prat-Gay, que están dentro del Gobierno, aseguran que la inflación irá bajando en este semestre y que habrá un crecimiento de la economía a partir del último trimestre.

"No será un crecimiento populista, pero habrá crecimiento", dicen. ¿A qué llaman un "crecimiento populista"? Al crecimiento con tasas chinas impulsado sobre todo por el consumo interno. Esta vez, explican, el crecimiento vendrá de las exportaciones y el interior se recuperará antes que la región metropolitana. Por eso, Macri ya cuenta con la simpatía de los productores rurales como ningún otro presidente democrático antes.

Tales pronósticos económicos son ya una cuestión de fe. Una mayoría social confía en que se cumplirán (más del 50%); un porcentaje significativo de la sociedad (un 30%) cree que Macri conduce el país hacia la bancarrota. No hay manera de conciliar esos extremos ni de demostrar qué deparará el destino. Macri eligió con Prat-Gay la concepción más heterodoxa de su ortodoxa concepción de la economía. Si Prat-Gay fracasara, la alternativa será una conducción económica más ortodoxa aún. Macri jamás se apartará de las razones clásicas de la economía. Podrá intentar seducir a la ortodoxia con...

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