Macri: 'La inflación va a bajar drásticamente en el segundo semestre'

 
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El portón de la quinta de Olivos se abre sigiloso. Un imponente muro de ladrillos separa a los que eligen sus alrededores para correr de un universo infinito de parques, calles que conectan las distintas propiedades y hasta una señal de tránsito que indica hacia dónde dirigirse para llegar a la casa presidencial. La pequeña Antonia recorre con su bicicleta los rincones de un paisaje que, a los ojos de un chico, pueden asemejarse a los de cualquier barrio cerrado. El silencio interno es imponente.

El presidente Mauricio Macri llega puntual. El quincho en el que su equipo comparte todos los martes un asado pospartido de fútbol es el lugar elegido para su mano a mano con LA NACION. Se lo ve tranquilo. El rol le demanda una paz que es opuesta a la adrenalina de su agenda diaria.

Entre las preguntas y respuestas se percibe cierta nostalgia por una distancia que el propio cargo impone. "Trato de preguntar, mirar y sobre todo escuchar porque no quiero aislarme", describe respecto de sus distintos recorridos por el país en los que muchas veces encuentra el cariño de la gente, pero también situaciones incómodas con aquellos que se enojan por el cambio de rumbo que experimenta la Argentina.

Habla de la confianza como un cristal que hay que cuidar, admite que la situación económica atraviesa por varias correcciones y sorprende con una definición terminante respecto de la lucha contra la suba de precios: "La inflación va a bajar drásticamente en el segundo semestre".

Su batalla contra los egos, las nuevas relaciones bilaterales, el universo del empleo, el rol del peronismo y hasta su futuro político forman parte de un diálogo en el que no ahorra definiciones.

-En una entrevista con LA NACION un día después de ganar las elecciones, usted señaló que el principal desafío de sus primeros 100 días de gobierno sería restablecer la confianza. ¿Cómo se siente al respecto?

-Bien. Siento que hemos hecho grandes progresos en ese campo. Es un valor abstracto, que no se puede ver o tocar. Pero déjenme compartir algo con ustedes: hoy (por el viernes) viajé al Chaco con varios gobernadores y el vicepresidente del Banco Mundial. Y él luego me felicitó públicamente porque no podía creer que en 100 días hubiéramos hecho tantas reformas centrales, y eso le permitía creer que se abría un gran panorama para la Argentina. Hemos abierto puertas y creo que el sistema político mostró madurez esta semana. Ahora tenemos que ver cómo continúa, cómo se mueve ese "pequeño activo de la confianza" que empezamos a poner en circulación.

-¿Eso explica que el nivel de inversiones o de liquidaciones agropecuarias, por ejemplo, no haya alcanzado aún un nivel significativo?

-Vamos a ritmos razonables, que tal vez no son los del Presidente, que tiene una ansiedad por traerles soluciones a los argentinos "ayer". Pero creo que más de lo que se hizo, no se podía hacer, en referencia a cambiar expectativas en el mundo. La venida de Matteo Renzi, de François Hollande y la próxima visita de Barack Obama las tomo como una muestra de confianza, y por eso les digo a los argentinos: nos están abriendo la mano. Está en nosotros agarrarla, caminar juntos y no volver a morderle la mano al que te quiere ayudar.

-Las encuestas muestran una altísima imagen personal y del Gobierno, pero al mismo tiempo dicen que la sociedad no percibe medidas que la hayan beneficiado. Para los encuestadores, eso es una situación inestable. ¿Qué medida pueden tomar en el corto plazo para que la gente sienta que la beneficia?

-Ya hemos tomado muchas medidas para beneficiarlos. Todas las que hemos podido. Pero, claramente, generar trabajo no es algo de un día para el otro. Yo les agradezco a los argentinos el afecto, la comprensión que tuvieron en estos meses, porque la...

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