Ensayo sobre la lucidez. José Saramago, Comentario de Daniel Fernández López

Autor:Daniel Fernández López
 
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Advertencia.

Este libro de Saramago, Ensayo sobre la lucidez,Alfaguara, BsAs, 2004, 423 páginas, es, lisa y llanamente, una maravilla. Lo conseguí usado, en buen estado, por Mercado Libre. No tiene nada que envidiarle a Thoreau.Llama a pensar y a actuar.

BsAs, 16.01.2014

Rodolfo Capón Filas

“Pobre autoridad aquella que necesite tirar de galones

a todas horas para hacerse obedecer ” [1]

José Saramago

Introducción

En 1998, la Academia Sueca concedió el premio Nobel de Literatura a José de Sousa Saramago (1922-2010) –el único escritor en lengua portuguesa que lo ha recibido– destacando su capacidad de “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía” [2]. No obstante, una de las cualidades del autor luso no citadas por el jurado fue la provocación. ‘Provocar’, vocablo compartido tanto por el portugués como por el español, es una conjunción del prefijo griego ‘pro’ (ante, delante de) y del término latino ‘vocare’ (llamado, llamar) que, con el paso de los años, ha adoptado un significado similar al de mover o incitar [3] a alguien a hacer algo. Dicha evolución ha determinado que, en la actualidad, se equipare con verbos tales como hostigar, insinuar o desafiar. Será en esta última acepción como se atribuya aquí la provocación a José Saramago: el desafío ante la realidad.

La narrativa en la etapa madura de Saramago vino ocasionalmente determinada por historias derivadas de un acontecimiento disruptivo y repentino, un cortocircuito en la cotidianeidad y el ordinario devenir de los seres humanos: la invidencia del Ensayo sobre la ceguera (1995) [4] y la eternidad de Las intermitencias de la muerte (2005) tuvieron su antecedente en El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), donde el autor reflexionaba sobre qué sucedería si la Península Ibérica se escindiera de Europa [5].

En la obra que propicia el presente texto, Ensayo sobre la lucidez (2005), un alto porcentaje del electorado decide, por sorpresa, votar el blanco. A partir de ese momento, el de Azinhaga plantea una serie de escenarios que merecen una revisión [6] por su contenido desafiante. Es sabido que los estudios políticos incluyen “el análisis comparativo que examina paralelamente las estructuras y los procesos políticos de diferentes sistemas políticos” [7], así como el “comportamiento político de individuos y grupos, que examina la formación de opiniones y actitudes y cómo éstas influyen en sus conductas” [8]. Dado que la literatura, al igual que el cine, es un lugar donde se proyecta la existencia (si no la, sí, al menos, una) la presente obra de Saramago es un objeto de estudio susceptible de ser analizado desde la Ciencia Política.

Outopos

La provocación del escritor portugués comienza desde el título gracias a la connotación de verosimilitud asociada al término Ensayo y, sobre todo, a la malévola profundidad que –aunque el lector todavía no lo sepa– va a implicar la lucidez [9]. Basta con abrir el libro para encontrar, tras la dedicatoria a Pilar del Río, un nuevo indicio: “A Manuel Vázquez Montalbán, vivo” [10]. El autor catalán (1939-2003), considerado “un rebelde, un teórico sin teoría cerrada, un intelectual de izquierdas ” [11], recibía así cumplido homenaje en el primer libro publicado por Saramago tras su muerte. Finalmente, la certeza de afrontar una obra provocadora se consuma en la primera línea del texto: “ al tiempo para votar” [12].

Tan escuetas palabras no pertenecen al narrador omnisciente, recurso del que se vale Saramago, sino al presidente de la mesa electoral número catorce de una ciudad sin nombre, de la que únicamente se afirma que es capital de un país igualmente anónimo. No obstante, sí se da detalle de un rasgo que permite identificar la urbe como una de tantas en Occidente, uno de esos emplazamientos que albergan lo que se han dado a llamar sociedades civilizadas: los comicios. Por ello, a pesar de no situarse en unas coordenadas concretas, podría ubicarse prácticamente en todas: el no-lugar, aquí, se transforma en cuasi-omnipresencia.

Por otro lado, el espectro partidista lo componen tres partidos: el Partido de la Derecha, el Partido del Medio y el Partido de la Izquierda; lo que a juicio Giovanni Sartori, la principal referencia académica en lo que a sistemas de partidos se refiere, supondría un modelo de “pluralismo moderado” [13]. Dicho sistema presenta, siguiendo al autor italiano, tres características principales: “1) una distancia relativamente corta entre sus partidos más importantes; 2) una configuración de coalición bipolar; 3) una competición centrípeta.” [14] Para el de Florencia, la competición centrípeta designa diferencias ideológicas débiles entre los partidos en disputa, aunque, como se verá, tal detalle no es relevante aquí. Sí conviene recordar que Sartori atribuía un alto nivel de apoyo y de legitimidad ciudadana al pluralismo moderado, concesión que Saramago pone en entredicho.

Dichas elecciones, si se entienden como “el procedimiento por el que los miembros de una organización escogen a un número menor de entre ellos para ocupar determinados cargos” [15], no presentan, en principio, ninguna objeción. El problema para las autoridades se plantea ante un fenómeno novedoso: el alto abstencionismo que reflejan las urnas. La primera explicación se atribuye al lluvioso clima que acompaña al domingo en la capital; sin embargo, como explica el politólogo Juan Carlos Monedero recordando a Henry Louis Mencken (1880-1956): “para cada problema complejo hay una solución simple pero equivocada” [16]. La escasa afluencia se había reproducido en otras zonas del país donde el tiempo había sido más favorable, lo que extendió el nerviosismo entre los dirigentes, especialmente los pertenecientes al Parido de la Derecha, que se encuentra en el poder. Las televisiones, mientras tanto, dan la voz de alarma:

“Una abstención sin paralelo en la historia de nuestra democracia amenaza gravemente la estabilidad no sólo del régimen, sino también, mucho más grave, del sistema” [17].

Ante semejante circunstancia, el ministerio de Interior decide prorrogar unas horas el término de la votación hasta que, finalmente, “los electores se apiñaban dentro del edificio” [18] para ejercer su legítimo derecho. La nueva y definitiva sorpresa surge a la hora de finalizar el...

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