El Llanto de la Sinfonía

Autor:Héctor David Cárdenas Ortega
 
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IIntroducción

Si dudo, si me alucino, vivo.

Si me engaño, existo.

¿Cómo engañarme al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?1

Hagamos sonar la melodía reluciente y abrazante que nos coloca sobre el círculo de la fe y tras suspirar, tomados del brazo, miremos la exactitud y precisión con la que nos mira la estrella… vayamos a la lejanía de la poesía, pero antes, vestidos de realidad y verdad, vayamos a la cercanía de la agonía. ¿Qué es un número? Una idea; una entidad abstracta que denota cantidad. Todo lo que descansa sobre palabra alguna es invención.

Años atrás, miles de años atrás, el hombre, ya sea de manera completamente instintiva o haciendo uso de su máximo potencial racional, se agrupó; creó un lazo de fuerza inigualable y se vio inmerso en la zona de explosión haciendo honor al núcleo fundacional2 de la sociedad. Sacudió manos y comenzó el oleaje, ese oleaje que junto con algunas otras piedras han agitado el mar, nos arrastran lo suficientemente mareados hasta el día de hoy en el que la marea sube y el tronar de la misma sobre la roca nos hace pensar en la estólida fantasía que vivimos. “Estoy bajo el agua y los latidos de mi corazón producen círculos en la superficie.”3

El hombre, rodeado de verbo, ha creado un sistema lógico, no necesariamente consciente, en el cual la congruencia de los diversos aspectos esenciales para el hombre, así como sus inventos metodológicos y racionales, se postran sobre la nube infinita de la verdad. ¿Y qué es la verdad?4 Dentro del mismo sistema, no puede ser nada más que una propiedad creada que caracteriza algún enunciado, es decir, todo es verdad siempre y cuando los eslabones formados en la cadena no contengan contradicciones, absurdos o falacias. Este problema en esencia es similar al problema del bien y el mal, ya que, aquello es bueno si camina por la línea de la regla (cualquiera que sea); aquello es verdadero si no choca y conecta un eslabón con otro (cualquiera que sea la cadena y cualquiera que sea el contenido de la misma). No es necesario conocer el verdadero origen de la sociedad, si fuese instintivo o racional, ya que, al ser imposible conocer dicho fenómeno, no podremos afirmar ni asegurar tesis alguna si partimos de una premisa completamente incierta. Ahora bien, ya sea de manera tácita o explícita, el hombre acepta y hace uso del sistema lógico en el que nada5, todo lo relativo a la razón pura de Immanuel Kant, aquello que a pesar de llegar a ser tan complicado, no se cuestiona. Dentro de dicha razón, la realidad y la verdad parecen obvias, pero, ¿qué sucede cuando utilizamos la razón práctica y lo referente a ella? ¿El imperativo categórico es la verdad? ¿Fantasía? ¿Realidad? “En este mundo traidor, nada es verdad, nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira.”6

Partiré de una premisa completamente cierta: No todos somos iguales. Emmanuel Sieyes, en su obra ¿Qué es el Tercer Estado? Hace un llamado a la “justicia” a través de las “verdades” manifestadas. Es claro el hecho de que una obra debe ser leída desde el punto de vista de la etapa en que fue escrita, ya que de otro modo perdería completo sentido y el sesgo de años y críticas nos harían perder el sentido original de la obra. Es necesario también, acarrear ciertos criterios fundamentales del Derecho moderno (planteados en la obra) para así, hacer una crítica, ya sea constructiva o destructiva, del Derecho actual.

Sieyes es claro al plantear que “El Tercer Estado es una nación completa” (pag 57), “¿Qué es el Tercer Estado? Todo”, “¿Qué representa actualmente en el orden político? Nada”, “¿Qué pide? Llegar a ser algo”. El Tercer Estado es, en realidad, el todo de la nación. A pesar de no tener la decisión sobre su lomo, a pesar de habérsele visto robada por ‘los privilegiados’, la nación sin el Tercer Estado es nada, pero “¿Qué sería el Tercer Estado sin la clase privilegiada? Todo, pero un todo libre y floreciente”. (pag 59) La Historia, hasta el momento en el que es escrita la obra, orillaba a Sieyes a observar cómo los privilegiados (cualquiera que sea la circunstancia por la cual lo son) procuraban únicamente el interés particular… ése interés que siempre se encontraba en dirección opuesta al interés colectivo. Tras la crítica a la manera denigrante en la que se ha manifestado el ordenamiento francés, Sieyes hace tres peticiones y plantea el camino ‘indicado’ para que la nación sea libre y floreciente, nación la cual devuelva de manera íntegra y segura los “derechos fundamentales del hombre”.

A pesar de ser interesante el análisis petitorio que Sieyes plantea por parte del Tercer Estado, me parece crucial el rescatar los elementos del Derecho moderno, ésos los cuales trascienden hasta nuestros días.

IIIgualdad

La mayoría de los autores contemporáneos a Emmanuel Sieyes, así como todos aquellos escritores que tratan el tema del hombre frente a la ley, consideran a todos los hombres como iguales. No somos iguales. Si nos abocamos a la antropología, podremos7 encontrar dentro de ella, la esencia de todo ser humano. ¿Somos únicamente esencia? No. De ahí emanan todos los problemas… somos mucho más que esencia. Cada hombre, sin verse separado del todo en el que habita8, adquiere una individualidad excepcional cognoscible única y exclusivamente por el propio ser. El ser humano, entidad individual, supera y abruma la enunciación esencial, no modificándola, sino complementándola de manera que los componentes básicos estructurales, al verse fusionados con el universo personal en discurso, tornan un matiz distinto al original; matiz imposible de repetir. “Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie.”9 Somos iguales sólo a costa de la imaginación ideal. Decía William Shakespeare “Si dos cabalgan en un caballo, uno debe ir detrás.” ¿Quién cabalga a la cabeza? ¿Quién decide quien cabalga? ¿Qué es aquello que hace la edificación de un hombre mejor que la de otro? Nuestra igualdad radica en la diferencia. Solamente el nacimiento nos equipara, y no hay un hombre sobre otro tomando en cuenta una escala de superioridad, pero si hay un hombre delante de otro tomando en cuenta la escala de habilidad. Cabalga al frente el que maneja de manera más eficaz al caballo. Si trasladamos la idea de igualdad de Sieyes a lo ya mencionado, ¿Será posible, entonces, que el Tercer Estado sea una nación completa? Sieyes plantea que dicho Tercer Estado, a pesar de estar formado por individuos y éstos tener sus intereses particulares, comparten una serie de intereses y de derechos, los cuales los unen y los colocan a la misma distancia del círculo de la ley. Debe quedar claro que la idea de igualdad no se satisface con el simple hecho de compartir algo con alguien, debe quedar claro que de nuestra desigualdad surgen los conflictos. Cada individuo posee diversas esferas, burbujas, las cuales flotan por el aire; ese momento en el que las burbujas se unen sin reventarse es a lo que llamo armonía. “Así como los ojos están formados para la astronomía, los oídos lo están para percibir los movimientos de la armonía.”10 Si bien es probable y posible que se compartan derechos e intereses, si bien ésos son los que nos colocan en la perfección de la periferia, ¿cómo descubrirlos? ¿Compartir derechos e intereses con una esfera significa compartirlos con todas?

IIIDerecho Natural

“Su voluntad es siempre legal; es la ley misma. Antes de ella, por encima de ella, no hay más que el derecho natural” (Pág. 108) Sieyes, en su exposición a cerca del ideal de Constitución Francesa, plantea la voluntad general como la palabra a seguir, ya que, según el francés, solamente el derecho natural se encuentra por encima de dicha voluntad. ¿Cuál es el Derecho Natural? La respuesta suena sencilla: aquél Derecho que emana de la naturaleza.11 Esto, más allá de ser una respuesta, es un problema ya que es cognitivo por el ojo humano el aspecto tangible de la naturaleza, o de modo más general, el aspecto científico de la misma (y aún así, nada sabemos de la naturaleza… un monstruo traicionero...

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