La literatura interviene al teatro con una obra de 12 horas

 
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"La primera vez que Jean-Claude Pelletier leyó a Benno von Archimboldi fue en la Navidad de 1980, en París, en donde cursaba estudios universitarios de literatura alemana, a la edad de 19 años": así comienza 2666, la última y monumental novela del chileno Roberto Bolaño, publicada en 2004, un año después de su muerte. En cinco capítulos o partes que podrían leerse por separado ("La parte de los críticos", "La parte de Amalfitano", "La parte de Fate", "La parte de los crímenes" y "La parte de Archimboldi"), la narración va desde cuatro especialistas que investigan a un escritor alemán de culto a quien nadie ha visto hasta los cientos de mujeres asesinadas y violadas en la ciudad de Santa Teresa, en la frontera mexicana (los femicidios de Ciudad Juárez en la realidad).

No es fácil contarle a otro de qué tratan las mil páginas de 2666. Eso, precisamente, interesó a Julien Gosselin. Después de adaptar en 2013 Las partículas elementales, de Michel Houellebecq, este director francés nacido en 1987 necesitaba algo más. Y volvió a buscarlo en una novela y no en un texto dramático. "Necesito algo más grande que yo, que me ahogue, que me sumerja en el tema a explorar. Mi desafío es tomar un texto de esa envergadura, pensar cómo lo voy a hacer, creer que es imposible y ahí entonces, ponerme a trabajar. Con 2666, además de buscar algo imposible, quería algo con mucho coraje para hablar de la violencia y del mal", dice Gosselin, en Buenos Aires para presentar hoy y mañana esta obra que el año pasado estrenó en el Festival de Aviñón, y que muchos identifican como "la que dura doce horas".

"Estoy cansado de eso -dice, con cara de fastidio-. Entiendo que cuando estás invitado a un festival internacional, la duración aparece como «el evento», es comprensible. Pero lo más interesante que sucede -al menos en Francia- es que eso se describe como un momento de comunión entre actores y el público, o entre los mismos espectadores que viven algo así, charlan, salen a comer juntos... ¡Pero eso no me importa! No me importa cuando se habla de las doce horas como algo divertido. Porque lo que quiero es crear una sensación de soledad en el espectador, al igual que cuando uno se sumerge en un libro largo." De todos modos, el aviso: al igual que la novela, la obra tiene cinco partes divididas por cuatro intervalos que duran media hora (el segundo y tercero) y una hora (el primero y cuarto). Es decir, hay tiempo para ir al baño, comer y revisar mensajes.

No son Gosselin...

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