Un liderazgo con la brújula dañada

 
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No es la primera vez que un presidente enfrenta el final de su gestión con su http://www.lanacion.com.ar/1656510-paradojas-de-un-gobierno-acorralado-y-ausente, generando una pérdida notable de ingresos en la población y sin tomar conciencia del desastroso legado que está a punto de dejar.Tampoco son desconocidos para nosotros la devaluación, la inflación, la crisis energética, la fuga de capitales, las protestas sociales, el fracaso del Estado en brindar los bienes públicos esenciales (en particular, seguridad e infraestructura), el aislamiento internacional, los escándalos de corrupción, el involucramiento de los militares en política interna y el incremento de la pobreza y la marginalidad en un contexto de http://www.lanacion.com.ar/1651508-cristina-cierra-el-ano-con-una-nueva-caida-en-su-imagen, pesimismo, recesión, constantes episodios de violencia e incertidumbre de corto y de mediano plazo.Lo inusual de esta coyuntura es que todo esto ocurre de manera simultánea, adelantando el certificado de defunción de un proyecto político que hasta hace poco deliraba con la eternidad. Más aún, el kirchnerismo todavía se ve a sí mismo como protagonista estelar de una gesta revolucionaria, expresión de una simbiosis perfecta de las tradiciones populares y progresistas argentinas y latinoamericanas. Creen que tienen las mejores intenciones. Y que si los resultados no son los esperados, o los niegan o inventan conspiradores para descargar la responsabilidad.En estos últimos días ha quedado por fin bien en evidencia que Cristina y sus seguidores fueron por todo y se quedaron sin nada. Ni la lacerada Venezuela chavista está tan mal: por lo menos Nicolás Maduro sigue ganando elecciones y mantiene un apoyo popular que el kirchnerismo ha perdido para siempre. Un sobreviviente de todos los peronismos definió con su habitual picardía el profundo debilitamiento del liderazgo presidencial: "Al Gobierno se le escapan no sólo los precios y los dólares de las reservas, sino también los presos".Acostumbrado a hacer del conflicto su principal táctica para construir y detentar poder, el Gobierno ha encontrado finalmente un rival contra el que no puede, quiere ni sabe pelear: es él mismo. Las causas más letales de esta inusitada y peligrosa situación son y han sido sus formidables errores y torpezas.Se trata de un conjunto de profesionales del poder que se han aferrado a una concepción anacrónica, parroquial y prejuiciosa de la política y del mundo. En muchos asuntos críticos, en...

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