Libertad y Liberación

Autor:Leonardo Boff - Clodovis Boff
RESUMEN

La reflexión sobre la liberación caracteriza a la teología latinoamericana de los últimos años, basada en las prácticas de las iglesias en favor de los derechos humanos

 
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A Gustavo Gutiérrez, amicus in veritate et ex corde; unidos en el mismo caminar.

Hermanos Boff

Presentación

La reflexión sobre la liberación caracteriza a la teología latinoamericana de los últimos años, basada en las prácticas de las iglesias en favor de los derechos humanos, especialmente de los pobres, y en la acción religiosa liberadora de los cristianos comprometidos en los problemas del subdesarrollo. Medellín, la encíclica de Pablo VI Evangelii nuntiandi y Puebla dan carácter oficial al tema de la liberación, esto es, a la relación entre fe y política, evangelización y promoción humana, luchas históricas y salvación en Jesucristo. Ha quedado consagrada la expresión "liberación integral".

Los autores de la presente reflexión, dos hermanos conocidos por sus aportaciones en este terreno, intentan hacer un balance, a la luz de las grandes opciones de Puebla, acerca del sentido teológico y político del tema de la liberación. Después de una introducción sumaria a las ideas básicas de la teología de la liberación, se esfuerzan en clarificar las diversas articulaciones que están implicadas en este tipo de teología: relación entre reino de Dios y liberaciones históricas, entre salvación y liberación, entre discurso teológico y discurso socioanalítico. Se intenta abordar esta temática en el estilo mas accesible; el mejor método es el diálogo en que se exponen las diversas posiciones y los dialogantes reflexionan, sopesan, refutan o apoyan lo que se dice. Este texto va destinado a los que quieren una introducción seria a la teología de la liberación y al mismo tiempo una exposición de sus principales dificultades y objeciones.

I. La salvación en las liberaciones: El sentido teológico de las liberaciones socio-históricas

Teología de la liberación:lo mínimo de lo mínimo.

Resulta bastante acalorada la discusión en torno a la teología de la liberación. Cuando ocurren cosas como éstas y se producen confusiones, no cabe más remedio que volver a los términos simples de la cuestión inicial ¿De qué se trata en el fondo? ¿Cuál es la cuestión subyacente a la teología de la liberación? La reflexión teológica es el resultado del esfuerzo de comprensión del problema radical. Si no captamos el problema radical menos aún comprenderemos la teología de la liberación elaborada sobre él. De ahí la importancia de establecer lo mínimo de lo mínimo de realidad y de reflexión para poder dialogar sobre la teología de la liberación.

1. Lugar de nacimiento de la teología de la liberación: la mística del pobre

En el fundamento de la teología de la liberación se encuentra una mística: el encuentro con el Señor en el pobre, que hoy es toda una clase de marginados y explotados de nuestra sociedad caracterizada por un capitalismo dependiente, asociado y excluyente. Una teología, sea la que fuere, que no tenga en su base una experiencia espiritual carece de aliento y es una mera charlatanería religiosa. Se parte de la realidad miserable tal como la describieron los obispos en Puebla, «como el más devastador y humillante flagelo (que es) la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada por ejemplo en salarios de hambre, el desempleo y subempleo, desnutrición, mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, inestabilidad laboral»

(n. 29). El que no se dé cuenta de esta realidad escandalosa no puede entender el discurso de la teología de la liberación.

Esta experiencia radical puede elaborarse en dos niveles: uno sensible, tal como se presenta a primera vista a nuestros ojos; otro analítico, como se revela en sus mecanismos estructurales puestos de relieve mediante el análisis científico. Estos dos modos de reelaboración de la misma experiencia originan también dos tipos diversos de teología de la liberación con diferente eficacia cada uno: uno «sacramental» (porque trabaja sobre los «signos» por los que se manifiesta la pobreza) y otro socio­político (porque trabaja sobre las estructuras que subyacen a los «signos»).

2. Articulación "sacramental" de la teología de la liberación

a) Percepción de la miseria de la realidad (sentir)

La realidad miserable revela dos aspectos: el de las angustias por causa del «hambre, enfermedades crónicas, analfabetismo, depauperación, injusticia...» (Puebla, 26) y el de las esperanzas por la liberación, participación y comunión (Puebla, 24). Se constata una profunda división entre ricos y pobres que es tanto más dolorosa cuanto sabemos que los unos y los otros profesan la misma fe cristiana.

b) Indignación ético-religiosa ante la miseria (protestar)

La primera reacción del que se oriente por su fe cristiana es la de protesta: ¡Eso no puede ser! ¡eso va contra la voluntad de Dios! Dicen los obispos de Puebla: «Vemos a la luz de la fe, como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano la creciente brecha entre ricos y pobres. El lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas. Esto es contrario al plan del Creador y al honor que se le debe» (n. 28).

c) Práctica solidaria de ayuda (hacer)

La percepción de la miseria y la protesta contra ella incitan a la acción. La iglesia se ha preocupado siempre de los pobres de nuestro continente; ahora esta preocupación ha asumido la forma de conciencia colectiva, ya que la persistencia de esta situación se hace cada vez más intolerable. Pero la estrategia de ayuda ha cambiado. En otros tiempos la iglesia se asociaba a las clases dominantes y mediante ellas llegaba a los pobres que eran auxiliados y asistidos por esas clases. Era una presencia asistencialista y paternalista que socorría al pobre, pero sin aprovechar sus fuerzas en el proceso de trasformación. Ahora la iglesia va directamente a los pobres; se asocia a sus luchas, constituye comunidades de base, donde se vive la fe en su dimensión social y liberadora. Por tanto, la presencia de la iglesia en la sociedad no se lleva a cabo solamente mediante la práctica religiosa (devociones, culto, liturgia); importa articular con ella también las prácticas éticas, sociales y de promoción de todos los hombres y del hombre todo. Estas prácticas son exigidas por la propia fe cristiana que, solamente cuando la informa el amor (que es una práctica y no una teoría), se hace fe verdadera y salvadora; de lo contrario, es una fe vacía que no conduce al reino de Dios.

3. Articulación socio-analítica de la teología de la liberación

En este nivel de elaboración se trata de conocer críticamente los mecanismos productores de la miseria. La miseria no es inocente, nacida de modo espontáneo. Dicen atinadamente los obispos en Puebla: «Al analizar más a fondo esta situación, descubrimos que esta pobreza no es una etapa transitoria: sino que es el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, que originan ese estado de pobre» (n. 30).

El interés principal» de la teología de la liberación está en crear una acción de la iglesia que ayude efectivamente a los pobres. Todo tiene que dirigirse a la práctica (amor). Ahí es donde se plantea el problema: «cuál es la práctica que ayuda de manera real y no ilusoria? Aquí no basta la buena voluntad; se necesita lucidez. Alguien puede lanzarse al río para salvar al amigo que se está ahogando; demostrará que tiene buena voluntad y amor; pero si no sabe nadar, no lo salvará, sino que morirá junto con él. Hubo, por consiguiente, amor, pero un amor poco inteligente y totalmente ineficaz ¿Cómo dar eficacia al amor cristiano? Para eso hay que conocer mejor la realidad, los mecanismos productores de la pobreza y los cambios que podrán conducir fuera de ella. Aquí es donde hablamos de las tres mediaciones de la teología de la liberación. Mediación significa los medios que la teología busca para realizar lo que se propone: la mediación socio-analítica, la mediación hermenéutica y la mediación práctico-pastoral. Se trata de instrumentos destinados a mejorar nuestra percepción de la realidad contradictoria, para superar el ingenuismo, el empirismo y el moralismo que impiden conocer críticamente (mediación socio-analítica); a continuación hay que profundizar en nuestra indignación ético-cristiana ante las contradicciones, ya que con gritos proféticos -por muy necesarios que sean, pues son los que hacen saltar la acción- no modificamos la realidad ni conseguimos interpretarla correctamente a la luz de la fe (mediación hermenéutica); finalmente hay que buscar los caminos adecuados y sensatos que hagan avanzar en la liberación de los pobres, dentro del marco de fuerzas religiosas, políticas, militares, ideológicas, económicas, etc., que existen dentro del cuerpo social (mediación práctico-pastoral).

Como se deduce, la teología de la liberación sólo es verdaderamente teología cuando acepta la experiencia básica (en sus diversos pasos, como hemos indicado más arriba) y la reelabora en un nivel más crítico y cuidadoso. Veamos cada una de estas mediaciones básicas:

a) La mediación socio-analítica (ver)

Se trata de captar críticamente la realidad para poder obrar más eficazmente sobre ella en nombre de nuestra fe. Señalamos tres niveles de conciencia de la realidad, identificados con tres formas de acción correspondientes sobre ella:

-— Empirismo: hechos - conciencia ingenua - asistencialismo; uno se siente impresionado por la pobreza que existe en nuestra población, enumera los hechos desgarradores y se escandaliza ante ellos. No trasciende esta dimensión de los hechos, no va a las causas más profundas, generalmente invisibles. Esta actitud, a veces noble y siempre llena de buena voluntad, se designa como empirismo; la persona tiene una conciencia ingenua y su acción normalmente es asistencialista; atiende a los hechos tal como se presentan. Dejando a...

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