La filosofía de la liberación y la ética del discurso como aproximaciones a una moral universalista

Autor:Hans Schelkshorn
RESUMEN

La filosofía latinoamericana de la liberación y la ética del discurso no se percataron una de la existencia de la otra sino hasta que se presenta un nuevo decaimiento de su propia estrella en el panorama filosófico.(...)

 
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    Título original: «Philosophie der Befreiung und Oiskursethik als Annliherungen 311 eine universalistische Moral». Traducción: Luis Felipe Segura.
1. El problema

La filosofía latinoamericana de la liberación y la ética del discurso no se percataron una de la existencia de la otra sino hasta que se presenta un nuevo decaimiento de su propia estrella en el panorama filosófico.

En el clima postmodernista de la filosofía actual, tanto el pensamiento revolucionario de liberación como los intentos trascendental-pragmáticos de fundamentación última despiden el olor característico de lo estancado y añejo, de algo que el espíritu universal o, por lo menos, el espíritu de nuestro tiempo parecería haber superado claramente. Según Lyotard, por ejemplo, el «consenso se ha convertido en un valor caduco y sospechoso»:1 después del derrumbe de los sistemas estalinistas en Europa del Este -al conjuro del cual se dio también en relación a los experimentos socialistas en el Tercer Mundo una desilusión de fondo-2 el poder aparentemente omnímodo del capitalismo despojó a la palabra clave «liberación» de mucha de su «fuerza de motivación».

La ética del discurso y la filosofía de la liberación tienen sus raíces histórico-políticas en la inestabilidad política de finales de la década de los sesenta. El enfático pathos moral, la insistencia en una moral universalista, así como cierto tono básico utópicoanárquico inherente (por lo menos en un principio) a ambas filosofías sólo puede entenderse a partir de este contexto sociopolítico específico. Sin embargo, la filosofía de la liberación y la ética del discurso rebasan también críticamente algunas de las posiciones neomarxistas.

Gracias a la temprana recepción de la obra de E. Levinas, en la filosofía latinoamericana de la liberación en la actualidad se presentan también, a pesar de todas las diferencias, claros puntos de contacto, por ejemplo, con el postmodemismo filosófico francés.

Por su parte, la teoría del discurso ha superado tanto los dogmatismos, como en el caso de Marcuse, como las trampas de una crítica total de la razón en Adorno y Horkheimer por medio de una teoría de la acción comunicativa o de una teoría de la argumentación orientada al entendimiento. Aun cuando en nuestros días «discurso» y «liberación» han perdido en gran medida su función como términos de cristalización del debate público, en la ética del discurso y en la filosofía de la liberación se da una mezcla productiva de pensamiento simultáneo y no simultáneo [gleichzeitiges und ungleichzeitiges Denken] que, sin lugar a dudas, ofrece una serie de impulsos positivos para la superación de la esterilización actual de la confusión general, evidente, por ejemplo, cuando se habla del «fin de las grandes narraciones».

Un análisis comparativo de la filosofía de la liberación y la ética del discurso se enfrenta al hecho de que ambas posiciones representan bloques teóricos no homogéneos y fragmentarios. De esta manera, la «filosofía latinoamericana de la liberación» se divide en varias direcciones3 que difícilmente pueden ponerse inclusive bajo el común denominador expresado por el concepto de «liberación».

Por su parte, la filosofía del discurso se diferencia cada vez en mayor medida en concepciones muy diversas, como lo muestran los recientes debates entre Apel y Habermas.4

En lo que sigue me referiré casi exclusivamente, por lo tanto, a las teorías morales de E. Dussel y K.-O. Apel. En favor de esta delimitación habla, entre otras cosas, el hecho de que Apel y Dussel hayan iniciado desde 1989 un diálogo que bien podría resultar sin parangón en las relaciones entre la filosofía latinoamericana y la filosofía europea.5

Es verdad que en estos diálogos se pone claramente de manifiesto el perfil teórico tanto de la ética del discurso como de la ética de la liberación. Sin embargo, un análisis un poco más minucioso muestra que ambos proyectos se encuentran sujetos todavía a un intensivo proceso de elaboración. Quisiera aprovechar, en lo que sigue, la apertura teórica de ambas teorías morales para establecer una correlación crítica y al mismo tiempo constructiva entre la ética del discurso y la ética de la liberación, de modo que pueda echarse nueva luz sobre el «objeto» mismo de discusión.

Debido al amplio horizonte teórico en el que, con razón, tanto Apel como Dussel ubican a la razón práctica -y que se extiende desde los conceptos histórico filosóficos hasta las nuevas fundamentaciones de la prima philosophia, es necesario delimitar nuevamente, de manera rigurosa, el campo temático del presente análisis sistemático-comparativo. En razón de esto, los problemas que plantearé a continuación a la ética del discurso y a la ética de la liberación tendrán como punto de referencia exclusiva sus respectivas contribuciones a una ética universalista.

En este orden de ideas resulta de particular importancia atender los contextos específicos, lo mismo que los planteamientos a partir de los cuales Apel y Dussel abordan el proyecto de una fundamentación y un desarrollo filosóficos de una moral universalista.

En el curso de este análisis, las intenciones específicas de sus respectivas aproximaciones a una moral universalista serán objeto de una discusión un poco más amplia en lo relativo a dos puntos focales objetivos, a saber: las diferentes reformulaciones del imperativo categórico y la polémica distinción entre principios de justicia y formas del buen vivir, tomadas de Rawls por la ética del discurso.6

2. La aproximación ético-discursiva a una moral universalista
2.1. La explicación apeliana de la situación de desafio [Herausforderungssituation] y la necesidad de una reflexión de fundamentación trascendental

El pensamiento filosófico no se da en un espacio ahistórico, sino que se refiere siempre a una situación sociocultural. Para la filosofía, esto no resulta válido desde Kant. Aparte de las preguntas acerca de las verdades eternas, la filosofía se plantearía ahora, según Foucault, la tarea, a realizar nuevamente en cada caso, de un diagnóstico de su tiempo.7 No obstante que debido a su concepción de la historia ni Platón ni Aristóteles se plantearon la pregunta «¿Qué es lo que somos hoy?», la cosmología platónica misma, por ejemplo, debe leerse como una respuesta históricamente referida a la profunda crisis moral que afectaba la pólis griega. Por lo tanto, también las cuestiones atemporales acerca de la verdad, etc. se ubican siempre en un determinado contexto ético-político sin agotar en éste su validez teórica.

Esta conexión entre reflexión filosófica fundamental y diagnóstico temporal es de central importancia para la concepción apeliana de la filosofía.

Apel ha hecho clara, consecuentemente, hasta en su dimensión histórico-vital [lebensgeschichtlich], la situación sociohistórica de desafío que se plantea la ética del discurso. Desde el punto de vista biográfico,

Apel comparte la carga de una generación que en su juvenil deslumbramiento partió voluntariamente a la guerra y que después de la catástrofe se vio obligada a vivir con la «obscura sensación de que aquello por lo que habíamos luchado "era en su totalidad" falso».8

Simplemente el hecho de no ocultar esta herida teórica, sino de reelaborarla teóricamente, a pesar de las comprensibles resistencias internas, es un motivo que determina de manera esencial el pensamiento de Apel, explicando también, en parte, la porfiada insistencia en su forma de argumentación. La «enseñanza» que, en última instancia, extrae Apel de la catástrofe nacionalista es la necesidad y adaptabilidad [Not-wendigkeit] a las situaciones de necesidad y carencia de una ética universalista. Las totalizaciones nacionalistas, al estilo de la ideología nacionalsocialista, únicamente pueden ser criticadas cuando las morales comunitaristas [Binnenmoralen] se orientan en el sentido de una ética de la humanidad.

De acuerdo con Apel, sin embargo, una moral universalista se ve confrontada, en nuestros días, con una situación peculiar en la historia, a saber: con las consecuencias planetarias y en parte catastróficas de las sociedades industriales contemporáneas.

Las morales tradicionales diseñadas según las exigencias de la microesfera y la esfera media de la comunicación social no están ya a la altura de este desafío. La humanidad se enfrenta a la tarea de una macroética o, más precisamente, a la tarea de una organización de la responsabilidad colectiva en vista de la crisis ecológica y la creciente aceleración de los procesos de pauperización en el Tercer Mundo, fenómenos, todos ellos, en los que el individuo, como miembro de sistemas de acción colectiva, tiene necesariamente que participar, a pesar de que, en general, por lo menos desde el punto de vista del mundo de la vida [lebensweltlich], la responsabilidad específicamente moral permanezca para él oculta debido a los mecanismos anónimos de la economía a nivel mundial.

Según Apel, para ese fin resultan ya insuficientes los recursos de las...

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