¡La ley a rajatabla!

 
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¿Qué tienen en común la deshonestidad judicial y los violadores reincidentes? ¿Las emergencias económicas y las ganancias sin esfuerzo? ¿Las excepciones para edificar y las excepciones para importar? ¿La fuga de capitales y la fuga de cerebros? ¿Los privilegios sindicales y el desempleo juvenil? ¿Los permisos de libre circulación y el nepotismo en las administraciones? ¿La expansión del narcotráfico y la corrupción policial, judicial y política?Todos esos ejemplos tienen en común la ausencia del Estado, la manipulación de sus organismos en provecho propio, la anomia generalizada, el desquicio colectivo.En inglés llaman rule of law al sistema institucional en el que rige la ley y no la mera voluntad del gobernante. En la Argentina se denomina Estado de Derecho, y su hija dilecta es la seguridad jurídica, madre del trabajo productivo, la inversión fecunda y la prosperidad compartida. Cuando las reglas del juego son estables, sin resquicios para la picardía o la venalidad, la labor cotidiana de las personas, buenas o malas, se encarrila por ese andarivel y se plasma en frutos provechosos para sí y para los demás.En la democracia liberal, las instituciones establecen un orden que no es jerárquico ni autoritario. Las conductas personales se desarrollan en un marco de libertad en el que cada cual conoce las reglas. La confianza en la aplicación irrestricta de premios y castigos invita a esforzarse para alcanzar objetivos. Los gobiernos que transmiten convicciones firmes, integrados por funcionarios que comparten valores, funcionan al unísono y saben resistir tentaciones, son creíbles.La confianza requiere evidencias: esa es la función de la transparencia. Cuando no hay tráfico de influencias, ni decretos comprados, ni devolución de favores, debe estar todo en la vidriera. La transparencia en la gestión pública impide que se teja o desteja en las sombras y que haya doble contabilidad para digitar ganadores y perdedores. Sin embargo, se trata de un sistema muy frágil. Las fuerzas que operan en una sociedad son fortísimas para crear orificios y resquicios, socavando la seguridad jurídica conforme a necesidades de la política o los negocios. Cuando el Estado de Derecho se manipula, el cortoplacismo impone sus códigos, siempre de contado.Los intereses creados siempre pujan, con bastante éxito, por torcer la ley en su provecho. Las plusvalías en juego son de tal magnitud que permiten sobornar a políticos, funcionarios o magistrados para...

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