Letras de pueblo: escenarios reales e imaginarios en el interior de la literatura argentina

 
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Es una de las palabras más hermosas del idioma español: "pueblo" designa una población y también el espacio donde esa comunidad vive. En la Argentina, el término está determinado por sentidos políticos, sociales y afectivos. La representación literaria de los pueblos, desde Roberto J. Payró hasta Selva Almada, tuvo varios proyectos: los realismos, el naturalismo, diferentes acentos poéticos. "Vuelvo a mirar confines de abandonada gracia/ pueblos fieles al gesto de antiguas gentes muertas", escribió Carlos Mastronardi en Luz de provincia.

Según datos del último censo realizado por el Indec, en el país existen cerca de cinco mil pueblos, sin contar comunas ni pueblos rurales. ¿Cuántas historias los tienen como escenarios de tramas literarias? Pueblos imaginarios como los creados por Osvaldo Soriano para alegorizar hechos históricos; pueblos reales transformados por Mateo Booz o Héctor Tizón; pueblos de desintegración o de renacimiento, como los que, en los últimos años, describieron Carina Radilov, Francisco Bitar y Federico Falco. Todos ellos "pueblan" la literatura nacional.

"Hay una tradición que entrelaza la literatura con los pueblos -dice Hernán Ronsino, escritor y sociólogo-. La que más me interesa es la que transforma el espacio en un laboratorio de exploración literaria." El autor de Lumbre (Eterna Cadencia) da un ejemplo: la irrupción en los años 50 de la escritura de Di Benedetto. "Una literatura que trabaja marcada por una geografía. No me interesa el pueblo ni el interior, sino más bien lo que la literatura hace con esos espacios", señala. La manera en que se transforma el pueblo donde transcurren las tres novelas de Ronsino sigue esa idea. "No es Chivilcoy; es otro pueblo, un espacio literario."

"Siempre he trabajado sobre la misma obsesión, mis ancestros escapando, mis abuelos al llegar a la Argentina desde Europa en los barcos -dice Perla Suez, autora de la Trilogía de Entre Ríos (Edhasa), ambientada en pueblos del Litoral fundados por inmigrantes judíos-. Al meterme en la cultura araucana me di cuenta de que ésta no me era ajena. En mis orígenes están el desierto y las tribus dispersándose, buscando un lugar donde habitar desde hace miles de años." Un ensayo de Fermín Rodríguez, Un desierto para la Nación, fue clave para Suez. "Acá había un pueblo con un concepto de tierra y naturaleza diferente de «los civilizados» -dice-. Cuando empecé a escribir El país del diablo tenía claro que no quería escribir una novela realista y...

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