El lento despertar del sueño del G-20

 
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Pocas veces, en los casi veinte años que lleva en la vida política, el presidente se toma más de siete minutos para contestar una pregunta. Tampoco es muy común que cancele una reunión con su gabinete, o que hable, aún con huellas de cansancio en su rostro, de la "autoestima que volvió". Y menos común es que lleve adelante dos conferencias de prensa en tres días, se trate del escenario que sea.El Presidente, claro está, aún disfruta del éxito de que finalizó formalmente el sábado, pero cuyos efectos-confían en el Gobierno-se extenderán en el tiempo. Las palmadas en el hombro y las inversiones prometidas le cambiaron el ánimo, que venía complicado como el de toda su gestión. Sus bromas, repetidas en los treinta y ocho minutos que duró la conferencia de prensa (ocho más de lo planeado) fueron una muestra del entusiasmo.Habrá, como siempre que se trata del Presidente y su estilo de liderazgo, premios inmediatos para quienes cumplieron con lo prometido. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue nombrada en primer lugar por un Macri agradecido de que no haya volado una sola piedra mientras los mandatarios del G20 estuvieron en el país. Su candidatura a vicepresidenta, de la que ya se hablaba antes del encuentro de líderes, vuelve a estar en el aire. También Hernán Lombardi, encargado de la logística del G20, parece estar saliendo de a poco del bajo perfil al que fue condenado tras su apoyo a Gabriela Michetti en la interna porteña, en la que Macri apostó-y ganó-por Horacio Rodríguez Larreta.Pero los desafíos en el horizonte son complejos. No sólo los económicos -aunque el Presidente crea en su fuero íntimo que lo peor...

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