La legitima hereditaria

Autor:Octavio Lo Prete
Páginas:629-634
 
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El Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación (de ahora en más, el Anteproyecto) modiica el instituto de la legítima, en una dirección que –en líneas generales– releja el sentir de la comunidad jurídica. Veamos sintéticamente algunos puntos destacados de la reforma proyectada.

El mantenimiento del sistema de legítimas

Cabe señalar que la legítima encuentra hondo arraigo en nuestra tradición cultural. Así, al deferirse forzosamente una cantidad de bienes a los sucesores legitimarios del causante y prohibirse actos de este que puedan dejarlos desamparados, responde a la necesidad de proteger a la familia como núcleo esencial de la sociedad. En tal sentido, es loable que el Anteproyecto haya mantenido el sistema, porque si bien en ocasiones encuentra resistencias y no es infrecuente la búsqueda de caminos para quebrantarlo, lo cierto que nada de ello alcanza a conmover sus fundamentos, como bien expresó hace más de 30 años Méndez Costa, en palabras que considero actuales1.

El Anteproyecto entonces ratiica la valía del sistema, aun con las disminuciones en las porciones legítimas, que también me parecen atinadas. Algunas voces minoritarias, incluso desde antiguo2, juzgan inadecuada, anticuada y hasta inconstitucional la institución, bregando por la consagración de la libertad de testar. En el estado actual del derecho constitucional no encuentro razones como para señalar que la legítima, ni como tal, ni en el modo en que está reglamentada ni como se proyecta, vulnere derechos constitucionales del testador. Deberes de solidaridad familiar, que en otras materias guían el Anteproyecto, permiten caliicar como acertado el mantenimiento del sistema.

La conservación de sus caracteres tradicionales (inviolabilidad e irrenunciabilidad, arts. 2447 y 2449) revalida que se trata de una institución de orden público. Por lo demás, conferirle al causante la posibilidad de constituir un ideicomiso testamentario (art. 2493) es un elemento positivo y no oscurece los caracteres que son propios de la legítima, porque expresamente se prevé que no puede afectarse, salvo el caso en que se busque beneiciar a herederos con discapacidad, medida muy razonable.

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Modiicación en las cuantías de legítima

Si la subsistencia del sistema es adecuada, también lo es la disminución de las porciones individuales asignadas a descendientes y ascendientes, solución que permite brindarle una mayor libertad al testador. Se prevé una reducción para los descendientes a dos tercios, para los ascendientes a un medio, manteniéndose en esta última proporción la legítima del cónyuge (art. 2445). No debe olvidarse que la legítima de los primeros en nuestro régimen civil es la más alta del derecho comparado (cuatro quintos).

El Anteproyecto recoge así un reclamo esperado desde hace tiempo por la mayoría de la doctrina y presente en todos los proyectos integrales de reforma del Código3, en proyectos individuales y en propuestas de las Jornadas de Derecho Civil4.

Fija el Anteproyecto idénticas cuantías que el Proyecto de 1998, que tanta inluencia tuvo en su elaboración5. Los autores de 1998, al fundamentar el cambio, expresaron que la disminución de las legítimas encuentra su razón de ser en la “observación reiterada por la doctrina que considera excesivas las porciones establecidas por Vélez Sarsield y más justo ampliar las posibilidades de libre y deinitiva disposición del futuro causante”6. Análogas palabras surgen de los fundamentos del Anteproyecto.

La reforma de esta cuestión se trata de uno de los principales aspectos que en materia sucesoria contiene la reforma proyectada. De nuevo, juzgo razonable el cambio, porque al conferir mayor autonomía, lexibiliza el sistema, pero sin desnaturalizarlo.

Incorporación de la mejora

El Código vigente faculta al testador a “mejorar” a cualquiera de sus herederos (art. 3605), pero el beneicio –apartándose de la forma clásica del derecho español– debe detraerse de la porción disponible del causante. No se trata entonces de lo que mayormente se entiende como el instituto de la “mejora”, vale decir, la posibilidad de que el causante destine un porcentaje de la porción legítima global a un legitimario en particular, al cual entonces se lo “mejorará” con relación al resto de los beneiciarios.

El Anteproyecto sí consagra la forma clásica, con la particularidad de que favorece solo a los ascendientes y descendientes con discapacidad (art. 2448, que ija la mejora en un tercio de la legítima). En los fundamentos se indica que de esta forma se armoniza la legislación con los tratados internacionales que tutelan a las personas discapacitadas.

La institución de la mejora merece cierto consenso en doctrina7, y su incorporación fue sugerida de lege ferenda en diversas Jornadas de Derecho Civil, con algunas variantes (quién podría benei-

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ciarse con la mejora y hasta qué monto podría autorizarse la misma)8. El Proyecto de 1998 estudió la posibilidad de dar al causante “dos porciones disponibles”, una de las cuales (que vendría a identiicarse con la mejora) para favorecer al “especialmente necesitado” de los descendientes del testador, como existe en algunos derechos extranjeros, pero la mayoría se pronunció a favor de no introducir la institución “por considerarla de difícil justiicación en cada caso concreto”9.

En mi opinión resulta adecuada la elección del Anteproyecto, al habilitar como destinatarios de la mejora solo a personas discapacitadas, máxime porque ello se integra con una mayor libertad al testador, quien ya cuenta entonces con la posibilidad de favorecer a quien desee atribuyéndole la porción disponible.

Sobre el cálculo de la legítima

La cuestión que aquí interesa es el modo de valuar las donaciones que hizo el causante...

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