Legislar con seriedad

 
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La senadora por Río Negro Silvina García Larraburu presentó en tres ejercicios legislativos 2014, 2016 y 2018 proyectos de ley enderezados a reflotar un organismo fundado el siglo pasado, que terminó fracasando como tantas otras experiencias regulatorias del Estado: la Junta Nacional de Granos.Se trata de una dirigente política cercana a Cristina Kirchner, surgida de Bariloche. Es decir, de un centro turístico por antonomasia, y no del valle rionegrino, en el que la inmigración europea y su descendencia fundaron un bastión frutícola que da importantes recursos a la economía nacional.Es útil recordar el papel que la Junta Nacional de Granos cumplió durante sus 60 años de existencia, prescindiendo de lo que el canciller Felipe Solá señalara meses atrás. En primer lugar, porque se desdijo de una apresurada opinión próxima a las de la senadora rionegrina. Solá había dicho que organismos como aquel pueden ser útiles "para evitar incrementos notorios en el precio del pan". Solo con la voluntad benevolente de subrayar que ese ministro dejó hace más de veinte años las funciones de secretario de Estado para asuntos del agro y la ganadería puede explicarse su olvido de que el trigo apenas participa en el 10% del costo del pan. Es por el cúmulo de cegueras ideológicas, ignorancia y tendencia irresistible a sobredimensionar el papel del Estado que las pruebas históricas sobre políticas infortunadas del pasado nada dicen a quienes propenden a empujarnos con asombrosa reiteración a los mismos errores.La crisis mundial que estalló hacia 1929 golpeó gravemente al país. En apenas cuatro años las exportaciones argentinas bajaron de 1000 millones de dólares en 1928 a solo 335 millones en 1932. Después de que Gran Bretaña, nuestro principal comprador, declarara la inconvertibilidad de la libra, la administración conservadora desdobló aquí el mercado de cambios y creó en 1933 la llamada Junta Reguladora de Granos. Se crearon estructuras gubernamentales específicas para las carnes, el algodón, la vitivinicultura y la yerba mate. La idea madre fue que el gobierno fijara precios sostén para comprar las materias primas que se le ofrecieran, pues había en los treinta una gravísima crisis mundial de la demanda.En aquellos tiempos de emergencia, las compras por el Estado -esencialmente trigo, maíz y lino producían a menudo quebrantos que se afrontaban con el Fondo de Cambios del Banco de la Nación. Hubo otras dos experiencias extranjeras de igual naturaleza, en Canadá...

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