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Joven anarquistaA causa de la bomba casera que Anahí Salcedo puso en el mausoleo de Ramón L. Falcón, la joven debió ser trasladada al Hospital Fernández por una ambulancia del SAME. Todos los servicios corresponden a un sistema de salud, y justamente la mujer es anarquista, está en contra de las normas y de cualquier sistema que las tenga. Sugiero que una vez que se recupere pague por los gastos sanitarios que ella misma y su cómplice han generado. Los ciudadanos pagamos nuestros impuestos para que funcionen la salud, la educación, la seguridad social y los servicios públicos, no para que reciban atención gratuita los responsables de actos de violencia y vandalismo contra nuestros bienes. La anarquía sostiene la ausencia del poder público, no admite un sistema de leyes que rijan la vida de una sociedad con valores cívicos. Por esta razón a los anarquistas violentos y antisistema hay que aplicarles las leyes que ellos no respetan. Dura lex sed lex.Andrea C. TestaDNI 16.559.434Por los chicosLos padres no nos oponemos a que se enseñe sexualidad a nuestros hijos, pero una sexualidad sana, con valores, fundada en la ciencia y en la biología. La ESI puede ser un buen instrumento, pero los contenidos que con su excusa se están dando están rompiendo la cabeza de los chicos con ideología de género, una sexualización temprana y una visión totalmente hedonista. Aunque traten de negarlo, sí se les enseña sobre masturbación (por favor vayan a los manuales), y esto a partir de los dos años. A los diez ya se les enseñan orientación sexual, juegos presexuales y sexuales. Lo más grave es que los contenidos de los manuales se aplican según la "creatividad" del maestro o instructor, y así vemos una escuela de Brandsen donde se enseñó a alumnos de 6º grado a masturbarse y a usar consoladores; a un jardín de infantes de Mendoza que hizo un taller para que los varones aprendieran a usar collares y a maquillarse, o a una escuela primaria de González Catán que pidió a los alumnos que reescribieran cuentos clásicos con la consigna de que Rapunzel debía ser transexual, Pinocho gay y Caperucita lesbiana. No debería extrañar si, paralelamente, el Estado nacional invita a los niños a partir de los doce años a chatear con un desconocido en línea y en forma confidencial sobre temas sexuales (¿para qué los habré cuidado siempre de los extraños en las redes sociales?), o el gobierno de la ciudad auspicia videos en los que se cuenta lo divertido y glamoroso que es ser una...

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