Keenan, Thomas y Weizman, Eyal. La calavera de Mengele: el advenimiento de una estética forense Sans Soleil, Buenos Aires / Barcelona, 2015

Autor:Bruno Hachero
Páginas:109-111
 
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Revista de Estudios sobre Genocidio. Año 10, volumen 14, Buenos Aires, noviembre de 2019,ISSN-e 2362-3985
La calavera de Mengele: el advenimiento
de una estética forense
Autor: Keenan, Thomas y Weizman, Eyal
Editorial: Sans Soleil, Buenos Aires / Barcelona, 2015
Reseña bi bliog ráf ica: Bruno Hachero
Es ya un lugar común, y no poco criticado, afirmar que el exterminio llevado a cabo por
la Alemania nazi generó una insalvable cesura en el proyecto europeo, llevándonos for-
zosamente a repensar los límites de toda ciencia social e humana. A riesgo de caer en
cierto eurocentrismo, sí parece claro que hay tres procesos que, como señalan Thomas
Keenan y Eyal Weizman en La calavera de Mengele, cambian para siempre los foros en
los que se desarrollan. Por un lado, los procesos de Núrenberg, apenas terminada la
Segunda Guerra Mundial, centrados en el documento como evidencia, donde además
se utilizaron imágenes cinematográficas como prueba filmada y proyectada durante el
propio juicio mientras se filmaba a su vez la cara de los acusados nazis, enfrentados
a una pantalla que les mostraba las atrocidades de las que, presuntamente, eran res-
ponsables. Por otro, a principios de los 60, la captura en Argentina y el posterior juicio
a Adolf Eichmann en Jerusalén, donde el fiscal Gideon Hausner centró la estrategia en
los supervivientes, en el testimonio vivo de los horrores que adquiría categoría de prue-
ba. Daba inicio así lo que Annete Wieviorka denominó la era del testigo, en referencia
a la revalorización y creciente legitimación de estos discursos, antes relegados a la
intimidad o al silencio, en el marco del discurso social, judicial e histórico. Fue precisa-
mente un proceso paralelo al de Eichmann, aunque truncado y finalmente culminado
dos décadas más tarde en Brasil, el que Keenan y Weizman recuperan aquí como de-
tonante de lo que podría denominarse la era de los restos. Si el proceso de Eichmann
conlleva la puesta en valor del relato subjetivo, de una experiencia íntima de la historia
o, si se quiere, la emergencia del sujeto particular en el discurso histórico, la investiga-
ción en torno al cadáver de Mengele y su esperada identificación en 1985 suponen el
desplazamiento del sujeto al objeto, de lo que se deduce la necesidad de un mediador,
de un nuevo tipo de discurso, de una hermenéutica, incluso.
Esta última transformación –pues, como los autores precisan, estos acontecimientos
no solo expanden sino que transforman los foros donde tienen lugar– constituye el ob-
jeto de reflexión de este conciso y luminoso libro, publicado doblemente en Buenos Ai-
res y Barcelona por la editorial Sans Soleil. Los autores proponen entender el descubri-
miento y la compleja identificación de la calavera del célebre criminal nazi, recuperada
de una tumba inscrita con nombre falso en Embu das Artes, San Pablo, como el acon-
tecimiento detonante para este giro forense en nuestro modo de interpretar y analizar
la violencia. Un giro que amplía nuestros modos de relación con la realidad, que hace
posible esclarecer el pasado a través de lo que queda inscrito en los huesos. Algo que
a la vez plantea nuevos dilemas y nuevas preguntas, al igual que el testimonio plantea-
ba, como señalaron entre otros Soshana Felman y Dori Laub, diversos problemas epis-

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