Un jurista de perfil bajo, carácter técnico y raíces radicales

 
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El nuevo presidente de tiene grandes desafíos por delante. Ser la cabeza de un Poder Judicial para el que -para los tiempos de los tribunales- es un recién llegado, reemplazar a un presidente que ejerció el poder manejando toda la botonera y luchar contra su propia personalidad: a no le gusta la exposición. Tiene un perfil bajísimo.Llegó a la Corte en 2016. Ejercía entonces como abogado de grandes empresas y era el rector de la Universidad de San Andrés.Antes de que lo propusiera para integrar la Corte, su relación con la política había sido con el radicalismo. En 1994, fue asesor de Raúl Alfonsín en la Convención Nacional Constituyente y dos años después cumplió ese rol en la Convención Constituyente de la Ciudad de Buenos Aires.En los últimos meses, cuando se analizaban los posibles reemplazantes de Lorenzetti al frente de la Corte, muchos sacaban de carrera a Rosenkrantz por su personalidad.Se lo asocia mucho más con lo estrictamente jurídico, con el análisis técnico de los casos, que con el interés por los manejos políticos que requiere ser la cabeza del Poder Judicial. Hoy todos coinciden en que se avecina una nueva era en cuanto a la forma de conducción en la Corte.Al igual que Horacio Rosatti, Rosenkrantz fue propuesto por Macri para integrar la Corte en diciembre de 2015, primero, por decreto y en comisión, método que el Gobierno abandonó por las críticas que despertó. Finalmente, el Senado terminó dándoles su acuerdo a ambos candidatos en junio. Pero -a diferencia de Rosatti, que asumió a los pocos días-, Rosenkrantz demoró casi dos meses en llegar a la Corte. Debía "cerrar asuntos profesionales y académicos", dijeron en su entorno.Los dos mayores cuestionamientos que se...

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