El jardín de las delicias: Leo se divirtió en una alfombra mágica

 
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El Tridente Mágico demolió a Arsenal y clasificó a Barcelona, por novena temporada consecutiva, a los cuartos de final de la Liga de Campeones. Las estrellas iluminaron el camino; cada una a su tiempo, como para que el brillo resulte más intenso. Messi, Neymar y Suárez, exponentes de un juego colectivo armonioso y efectivo, hicieron fácil lo difícil en un campo que se presentó excelente, a pesar del diluvio que castigó el terreno desde dos horas antes del inicio del encuentro y que se reconvirtió en una persistente lluvia durante el desarrollo. Fue una victoria 3-1 para un triunfo global de 5-1; fue un encuentro en el que el mejor del mundo exhibió pinceladas de su repertorio imperial, de habilidad y capacidad para realizar la lectura que pedía la acción. Aceleró y le dio ritmo a los ataques, pero también escondió la pelota cuando la jugada precisaba un instante de pausa; las conexiones con sus dos laderos sudamericanos fue una marca registrada, como el sello que estampó en la definición para el 3-1: Leo pinchó la pelota frente a Ospina, que en el primer tiempo le detuvo un remate que tenía destino de red, después de que el astro rosarino matara un largo pase de Neymar.

Messi y Barcelona son una etiqueta que encanta en todo el planeta. Para perfeccionar la firma, la sociedad no sólo se ajusta a rodear a Leo con apellidos de jerarquía en los mercados de pases. Hay un factor que pasa inadvertido, pero que es determinante para que cualquier equipo pueda desarrollar una idea como históricamente lo intentan los blaugranas: el césped, la cancha. El N°10 despliega todo su catálogo cada vez que pisa el Camp Nou porque el escenario está preparado a su medida, la que merecen los intérpretes de su talla. No se fijan en gastos, porque el juego rápido que despliega el equipo que dirige Luis Enrique pide un terreno en condiciones óptimas. Si el Barça fija ese ítem como una prioridad para brindar el mejor espectáculo, el concepto no se repite en otros lugares del mundo. Observar a Messi deslizarse en esa gramilla pareja y de un color verde casi perfecto e imaginarlo sortear las dificultades que presenta el césped del estadio Mario Kempes, de Córdoba, escenario del partido por las eliminatorias, del próximo martes 29, es un contraste tan gigantesco que debería invitar...

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