La izquierda encontró a su Macri ideal

 
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Por el momento en que se dieron, las protestas de los metrodelegados tuvieron esta semana una dimensión más abarcadora de la habitual. Los cortes de servicio, los incidentes y los 16 detenidos no solo asomaron como los primeros movimientos de un conflicto sectorial cuyo desenlace se desconoce, sino también como señales de una dificultad más de fondo que podría acompañar al Gobierno durante todo el año: la presencia, en la calle, de dirigentes más radicalizados que los clásicos sindicales.

Puede haber sido un llamado de atención surgido a partir de condiciones reales y hasta simbólicas: la última corrida, la devaluación, la suposición de que ambas tendrán un impacto en el nivel de actividad o el consumo y el pedido de auxilio al son un escenario que parece soñado por agrupaciones de izquierda con ganas de crecer y manifestarse. Un caldo de sobreentendidos y profecías cumplidas que no atenuó el guiño oficial para discutir el aborto en el Congreso y que el martes, a propósito de la detención de Néstor Segovia, secretario adjunto de los metrodelegados, La Izquierda Diario compendió en la bajada de un texto: "Felipe Miguel, jefe de Gabinete de la ciudad de Buenos Aires, justificó la represión a los metrodelegados y confirmó que atacarán abiertamente el derecho a huelga. Como lo debe estar pidiendo el FMI".

Varios partidos intentan que estos reclamos confluyan en un paro general. Durante la visita del jefe de Gabinete al Congreso, definió el miércoles la propuesta como el fin de "la tregua". Una alusión a la supuesta pasividad de la . "Toda esta política no pasa sin represión", dijo el diputado del PTS, que insistió en una huelga que expresara "toda la bronca que tiene este gobierno que gobierna para los ricos". Algunos de estos postulados fueron expuestos el sábado, durante un encuentro en Neuquén al que convocó el Sutna, sindicato de los neumáticos, el único nacional en que la izquierda llegó a la conducción.

Para el Gobierno todo supone un dilema explosivo. Si reprime, como se hace en las democracias occidentales, no solo estará abonando las profecías, sino que se expondrá a incidentes más serios, como ocurrió en diciembre con la reforma previsional. Si decide no hacerlo, obtendrá el fastidio de una ciudad convertida en caos. No es una encrucijada nueva en Cambiemos. Hace dos años, con el microcentro paralizado por piquetes, intentó contener la impaciencia de con este argumento: los mismos que piden...

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