Iron Mountain, a un año: 'Por nuestros héroes, confío en que un día se sepa lo que ocurrió'

Nora Fernández es, desde hace 38 años, integrante del cuartel de bomberos voluntarios de Vuelta de Rocha. Ella recibió la llamada que presagiaba la aquel fatídico miércoles 5 de febrero, un año atrás. Nora, de 56 años, perdió a su hijo menor en el siniestro, Facundo Ambrosi, y desde entonces lleva su nombre tatuado en el brazo derecho, impreso para siempre, como ese día en su memoria.

Hoy se cumple el primer aniversario del incendio y derrumbe del Iron Mountain, en el que fallecieron ocho bomberos y dos miembros de Defensa Civil. Por tal motivo, los familiares de las diez víctimas se reunirán en el lugar de la tragedia, la esquina de Quinquela Martín y Jovellanos, en Barracas, para recordarlos; para procurar que nadie los olvide; para exigir que se haga justicia y se determine, finalmente, qué fue lo que sucedió.

"A las 9.15, la hora del derrumbe, habrá toque de sirena en todos los cuarteles del país. Luego, se hará un minuto de silencio", contó Rodrigo Ambrosi, hermano de Facundo y bombero en el mismo cuartel de La Boca.

Se prevé que el encuentro sea multitudinario, ya que entre 30 y 40 instituciones y cuarteles estarán presentes, además de autoridades nacionales y porteñas, representantes del Sistema Nacional de Bomberos e integrantes de la comunidad.

Nora Fernández trata de no hundirse en el dolor. No sólo perdió a su hijo en el incendio de Barracas: en los últimos 14 meses también murieron su marido y su madre. Sin embargo, elige no aferrarse al pasado. "Ya que pasó esta tragedia, espero que ayude a reivindicar a los bomberos", se consuela. Y agrega: "Sabemos a lo que estamos expuestos. Facundo estaba en el cuartel desde los 13 años, era su vida".

Rodrigo -hermano de Facundo- recuerda nítidamente la secuencia de aquel día: estaba en su trabajo cuando escuchó la noticia. Sin pensarlo, fue corriendo al hospital Argerich y entró como una tromba en la guardia. "Me crucé con compañeros, jefes y oficiales que conocía y estaban ahí, muertos", dice. Y recuerda que alcanzó a ver con vida a su hermano: "Me dijo que no gritara, que estaba bien, que sólo le dolían un poco las piernas y los brazos...". A Rodrigo se le va la voz; vio cómo lo llevaban en una camilla a la sala de rayos, lúcido y animado. Pero fue la...

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