Irlanda y el Tratado de Lisboa.

Autor:Bernd Riegert

El “sí” de los irlandeses al Tratado de Lisboa tiene más que ver con imperativos económicos que con amor a Europa. No obstante, es un paso importante para el futuro.

La crisis económica se produjo en el momento oportuno, por lo menos desde el punto de vista de la política europea. Sin la crisis, que convirtió al otrora ‘tigre celta’ en un gatito famélico, los irlandeses probablemente no habrían cambiado su opinión con respecto al Tratado de Lisboa. El temor a que Europa pudiera volverles la espalda transformó el “no” en un “sí”. Es decir, no se trata de convicción o entusiasmo europeísta, sino de la esperanza de que la UE de algún modo ayude a Irlanda a salir del atolladero.

En efecto, Irlanda estaría hoy en quiebra si la UE no hubiera actuado solidariamente, proporcionando cuantiosos créditos. En el referéndum de Irlanda, lo que le importaba a la gente no eran los contenidos del tratado de reforma, al que se atribuyeron cosas de todo tipo, que jamás estuvieron contenidas en él. De lo que se trataba era de puestos de trabajo, salarios mínimos y del destino del impopular gobierno del primer ministro Brian Cowen. Estos temas no son mencionados en el Tratado de Lisboa. Para Brian Cowen, quien hábilmente consiguió el apoyo de casi todos los partidos, comienza ahora un tiempo duro. Él deberá frenar el galopante endeudamiento estatal y crear empleos. Tendrá que presentar resultados y eso es difícil.

Puede que a los restantes gobiernos de la UE se les haya quitado un peso de encima, porque el Tratado de Lisboa sigue con vida. Pero todo el proceso, de casi diez años, para dar una nueva base contractual a la creciente Unión Europea, ha...

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