Nuestro inviable sistema previsional

Desde estas columnas, nuestra opinión editorial se dirige, a veces, a alguno de los poderes de gobierno. En otras, a la sociedad en su conjunto. La crisis del sistema previsional es uno de los casos que demandan una reflexión entre todos, de modo de contribuir con quienes conducen el país y con quienes fiscalizan desde la oposición, en la búsqueda de respuestas racionales a tan importante y candente cuestión.Una elevada dosis de incomprensión se yergue ante los sistemas previsionales posibles a nivel global, no solo en la Argentina. Es más: en aspectos claves del asunto, el país ha avanzado más que algunas potencias centrales y eso no es decir poco, con todos los males que refleja. El tan impresionante como afortunado crecimiento de la expectativa de vida constituye una realidad en todo el mundo y, sin embargo, observamos furibundos escándalos y protestas, por ejemplo, en Francia por el proyecto de Macron de elevar la edad jubilatoria de 62 a apenas 64 años.En nuestro país, las mujeres acceden al beneficio de la jubilación a los 60 años y los hombres, a los 65. ¿Cómo no preparar a nuestra sociedad para que comprenda que cuando la longevidad promedio ronda los 75 años el período activo de trabajo no puede ser ya el mismo del de los padres? No puede serlo, básicamente, porque no hay sistema previsional ni cobertura asistencial sustentables que acompañen lo que la ciencia ha hecho para prolongar la calidad de vida.Desde luego que las protestas que estallan en diferentes partes del mundo ante los inevitables cambios en viejos sistemas previsionales tienen fundamento en promesas legislativas incumplidas sobre cómo y en qué momento se producirían los retiros. La ira se dirige a quienes gobiernan hoy, que son quienes advierten sobre lo impostergable de una reforma a fondo de leyes del pasado, en lugar de dirigirla, como sería menester, contra varias generaciones de dirigentes que carecieron de una anticipatoria visión del futuro o que, simplemente, mintieron a los votantes.En la Argentina se mintió y se estafó en 2008 cuando el Estado confiscó los dineros depositados en administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP), que funcionaban desde la reforma previsional de 1993, con el sistema de capitalización, cobrando muy altas comisiones a los afiliados. Se echó mano de esos millonarios recursos con la misma irresponsabilidad, o incluso mayor, que con la que el gobierno se apoderó de los fondos de seguros de retiro, constituidos por...

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