De la invención

Autor:Alberto Vicente Fernández
Páginas:57-67
RESUMEN

1. Importancia de los argumentos 2. La tópica o lugares comunes 3. División de los argumentos . 4. Argumentos lógicos y retóricos 5. La disposición persuasiva . 6. La argumentación retórica

 
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1. Importancia de los argumentos

Al contrario de sus predecesores, descuidados de la invención, menos Aristóteles, que hace de la retórica una dialéctica o lógica de lo verosímil, Quintíliano elabora cuidadosamente la invención. Un arte de hablar también es un arte de razonar, que nos enseña a seleccionar los argumentos lógicos y verosímiles y ordenarlos estratégicamente como un general dispone sus cuerpos de ejércitos en ocasión de la batalla.

Como es necesaria la prueba, el preceptista considera los argumentos o pruebas para llegar a la verdad o verosimilitud de una cosa, deduciendo unas de otras, y los lugares comunes, ya estudiados por Aristóteles y Cicerón.Page 58

2. La tópica o lugares comunes

Se entiende por lugares comunes aquellas fuentes de donde se sacan argumentos para el discurso, que si han sido negadas como útiles al orador, quien debe acudir a su propia cultura y talento para elaborar sus pruebas, usadas con prudencia esas fuentes sirven a modo de punto de partida como ideas generales en los asuntos más diversos.

Los argumentos se toman de las personas, lugares, tiempo, facultades, circunstancias, propiedades de las cosas, de la definición, diferencias y semejanzas. Así, la primera circunstancia de persona de donde se sacará la prueba es el linaje, porque comúnmente los hijos suelen ser parecidos a quienes los engendraron. La nación, porque cada nación tiene sus costumbres, y no son las mismas en un romano, en un griego o en un bárbaro. El sexo, un latrocinio se hace más creíble en el hombre, en la mujer el dar veneno. La edad, porque una cosa conviene más a unos años que a otros. La educación y la enseñanza, pues importa mucho el saber de los maestros, la crianza que uno ha tenido. La forma del cuerpo y la complexión, por cuanto de la hermosura se saca argumento de liviandad, de la robustez, firmeza; o se funda argumento en contrario de la complexión contraria. La fortuna, siendo innegable que una cosa no se hace igualmente probable en el rico que en el pobre, en uno que tiene amigos y parientes, y en quien nadaPage 59 de esto tiene. La condición y estado, por la diferencia entre el noble y el plebeyo, entre uno que tiene empleo público y entre el particular; entre un padre de familia., un soltero, un libre, un esclavo, un extranjero. La índole, porque el ser avaro, iracundo, misericordioso, cruel, riguroso, hacen creíble o increíble la cosa. Estudios y profesiones, pues no piensan lo mismo un labrador, un comerciante, un abogado, un médico, un soldado, un navegante 1.

Un ejemplo es el de M. Antonio cuando defiende a un veterano acusado de traición a la patria. Como recurso decisivo rompe la túnica del reo exponiendo las cicatrices de guerra, con lo cual usa el lugar común de que no traiciona a la patria quien luchó por ella. También Hipérides se vale de un lugar común en el caso de Friné, cortesana griega acusada de impiedad. Como viera que se le escapaba el tribunal, Hipérides rasga las vestiduras de Friné, y los jueces la absuelven admirados de su belleza y temerosos de destruir una obra de los dioses.

Estos ejemplos toman su eficacia de hipótesis y presunciones que rigen la vida cotidiana, en las leyes y tribunales de justicia, porque son propias de una raza, una sociedad, una época, con sus valoraciones sometidas al cambio y la desaparición. En el caso de la griega prevalecía la concepción estética de hombre y mundo de los griegos, para quienes el cuer-Page 60 po de aquélla no podía albergar un alma fea o criminal; pero los jueces de una cultura que no valoran en tales términos la belleza del cuerpo, exigirán otras pruebas para absolver.

Los lugares comunes tienen cierta relevancia, y esto lo reconoce Quintiliano, quien no pretende exponer in extenso sobre ellos, pues sería obra inacabable. Además, censura el uso exagerado de los lugares con olvido de las pruebas propiamente dichas, nervios del discurso.

3. División de los argumentos

De Aristóteles escoge la división de las pruebas en no artificiales y...

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