Introducción

Autor:Guillermo Pedro Tinti
Páginas:13-16
 
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El ejercicio de las profesiones jurídicas, en cualquiera de sus modalidades (abogacía, procuración, notariado, magistratura) suele presentar muchas veces al profesional situaciones para resolver, donde no puede recurrir al auxilio de su ciencia, ni de sus libros, ni de sus maestros. Situaciones que no son habituales en otras profesiones, y que pueden llevar a estados espirituales complejos, no siempre por la gravedad material del asunto, sino por la huella que amenaza dejar en la conciencia la decisión asumida. Ello obedece, fundamentalmente, a la responsabilidad que supone para los juristas tener que trabajar siendo depositarios de destinos ajenos; saber que el honor, la libertad, el patrimonio, de su cliente o del justiciable, dependen en gran medida de su actividad.

Lo que se afecta en esos trances es la conciencia profesional, aquella que se refiere a los deberes que incumben en el ejercicio de la profesión; y que en realidad no está divorciada de la conciencia que llamaríamos "general".

Este ensayo no pretende otra cosa que auxiliar a formar una conciencia moral profesional, indagando para ello sobre algunos aspectos concretos, que se presentan con más frecuencia en la actividad de los abogados. Don Ángel OSSORIO 1, abogado español, cuya obra sobre temas de ética jurídica El alma de la toga es ya un clásico en la literatura jurídica argentina, y uno de los primeros libros que los colegas mayores suelen poner a mano Page 14 del recién egresado, expone como primera regla de su decálogo: "Nunca pases por encima de un estado de tu conciencia". Con ello aconseja no desoír el dictamen de la conciencia recta, aun cuando no se acuda al llamado que puedan hacer otras voces - la fortuna, el prestigio, la comodidad, etc.- , que son subalternas en orden a la finalidad que tiene el noble ministerio de la abogacía. No dudamos que haciendo eco de la recta conciencia profesional, se ejercerá honestamente la función de abogar, lográndose, por añadidura, el prestigio que a tan importante misión corresponde. A ello no es ajeno el éxito profesional. Sin eufemismos, ANDRUET (H) considera las consecuencias prácticas del tema: "Se es una buena persona y un buen abogado, o se es una mala persona y un mal abogado. El mal abogado no es porque pierda pleitos, es porque en definitiva ejerce su profesión con un sentido deshonesto"2.

Creemos que hoy por hoy la conciencia profesional de los juristas adolece de deficiencias, y que ellas son también de...

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