Los intereses económicos detrás de un complejo juego geopolítico

 
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PARÍS.- Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren", escribió Jean-Paul Sartre en El Diablo y Dios .La crisis siria se ha cobrado en dos años la vida de más de 100.000 civiles. Sin embargo, muchos consideran que no se trata de un conflicto humanitario, sino político. Otros piensan que es religioso. Pocos son, sin embargo, los que se detienen a reflexionar sobre los intereses económicos en juego en la región.Uno de ellos es el profesor Imad Fawzi Shueibi, para quien el apoyo de Moscú a Damasco no es simplemente una postura heredada de la Guerra Fría, sino el resultado de un profundo análisis de la evolución de las relaciones de fuerza mundiales."La crisis actual cristalizará una nueva configuración internacional que, de un modelo unipolar nacido de la caída de la URSS, evolucionará progresivamente hacia un tipo de sistema que queda por definir. Inevitablemente, esa transición lanzará al mundo a un período de turbulencias geopolíticas", afirma.Para Shueibi, la crisis siria está directamente ligada a la competencia mundial por la energía. "Siria es el corazón de la guerra del gas en Medio Oriente", señala.Tras la caída de la Unión Soviética, los dirigentes rusos comprendieron que la carrera armamentista los había agotado, sobre todo debido a la ausencia de aprovisionamientos de energía necesarios a todo país industrializado. Estados Unidos, por el contrario, había conseguido desarrollar y controlar la política internacional sin demasiadas dificultades, gracias a su presencia durante décadas en zonas petroleras."Por esa razón, Rusia tomó la decisión de lanzarse a la búsqueda de fuentes de energía, tanto de petróleo como de gas. Moscú apostó, sobre todo por el gas: su producción, su transporte y su comercialización a gran escala", señala Antoine Sfeir, especialista en Medio Oriente.De esa voluntad del presidente ruso Vladimir Putin, nacieron dos proyectos: North Stream, que une directamente a Rusia con Alemania, atravesando el mar Báltico, hasta Weinberg y Sassnitz, sin pasar por Belarús. Y South Stream, que comienza en Rusia, pasa por el mar del Norte hasta Bulgaria y se divide entre Grecia y el sur de Italia por un lado, y por Hungría y Austria por el otro.Para hacer frente a ese proyecto faraónico, Estados Unidos lanzó Nabucco...

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