Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008

Autor:Naciones Unidas
RESUMEN

El cambio climático es un hecho comprobado por el mundo de la ciencia

 
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La lucha contra el cambio climático:

Solidaridad frente a un mundo dividido Publicado por el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

Director y redactor jefe

Kevin Watkins

Investigación y estadística

Cecilia Ugaz (subdirectora y editora jefa), Liliana Carvajal, Daniel Coppard, Ricardo Fuentes Nieva, Amie Gaye, Wei Ha, Claes Johansson, Alison Kennedy (jefa de estadísticas), Chris Kuonqui, Isabel Medalho Pereira, Roshni Menon, Jonathan Morse y Papa Seck.

Producción y traducción

Carlotta Aiello y Marta Jaksona

Difusión y comunicación

Maritza Ascencios, Jean-Yves Hamel, Pedro Manuel Moreno y Marisol Sanjines (jefa de difusión)

Equipo responsable de la preparación del Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008

Colegas de la Oficina encargada del Informe sobre Desarrollo Humano (HDRO):

El Informe sobre Desarrollo Humano es el resultado de un esfuerzo colectivo. Los miembros de la Unidad a cargo de los Informes Nacionales sobre Desarrollo Humano (NHDR) aportaron comentarios detallados y asesoría durante todo el proceso de investigación y vinculan el Informe a una red mundial de investigación en los países en desarrollo. El equipo de la NHDR está compuesto por Sharmila Kurukulasuriya, Mary Ann Mwangi y Timothy Scott. El equipo administrativo de la HDRO es responsable del funcionamiento de la oficina y sus miembros son Oscar Bernal, Mamaye Gebretsadik, Melissa Hernández y Fe Juarez-Shanahan. Las operaciones están a cargo de Sarantuya Mend.

Prólogo

El cambio climático es un hecho comprobado por el mundo de la ciencia. Si bien es difícil predecir el impacto de las emisiones de gases de efecto invernadero y son muchas las incertidumbres en la ciencia que minan su capacidad predictiva, hoy sabemos lo suficiente como para reconocer que los riesgos que enfrentamos son grandes y potencialmente catastróficos. Algunos de ellos son el derretimiento de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental (fenómeno que dejaría a muchos países bajo el agua) y cambios en el curso de la Corriente del Golfo que ocasionaría cambios climáticos drásticos.

La prudencia y el cuidado del futuro de nuestros hijos y su descendencia requieren que actuemos hoy. Se trata de una forma de seguro contra pérdidas posiblemente muy grandes. No saber cuáles son las probabilidades de que se produzcan tales pérdidas o el momento exacto en que ocurrirán no es un argumento válido para no contratar un seguro. Sabemos que el peligro existe. Sabemos que el daño que causan las emisiones de gases de efecto invernadero es irreversible en un período muy largo. Sabemos que el daño crece cada día que dejamos pasar sin actuar.

Aún si viviéramos en un mundo donde toda la gente tuviera el mismo estándar de vida y se viera impactada del mismo modo por el cambio climático, de todos modos deberíamos actuar. Si el mundo fuera un solo país donde todos los ciudadanos gozaran de niveles de ingreso similares y estuvieran expuestos a más o menos los mismos efectos del cambio climático, la amenaza del calentamiento global igual podría ocasionar, hacia fines de este siglo, un daño sustancial al bienestar humano y la prosperidad.

Pero la verdad es que el mundo es un lugar heterogéneo: la gente tiene ingresos y riquezas desiguales y el cambio climático afectará a las regiones de manera muy diferente. Para nosotros, ésta es la razón principal para actuar rápidamente. El cambio climático ya está comenzando a afectar a algunas de las comunidades más pobres y vulnerables del mundo. Un aumento general de la temperatura de 3ºC (en contraste con las temperaturas de la era preindustrial) durante los próximos decenios se traduciría en una serie de aumentos locales que en algunas partes podrían duplicar el nivel alcanzado en otras. El impacto que generarán el aumento de las sequías, los fenómenos climáticos extremos, las tormentas tropicales y las crecidas del nivel del mar en grandes porciones de África, los pequeños estados insulares y las zonas costeras, habrá sido ocasionado durante nuestra vida. En términos del Producto Interno Bruto (PIB) mundial agregado, estos impactos de corto plazo pueden no ser grandes. Pero para algunos de los países más pobres del mundo, las consecuencias pueden ser apocalípticas.

A largo plazo, el cambio climático constituye una amenaza masiva para el desarrollo humano y en algunas partes ya está minando los esfuerzos de la comunidad internacional por reducir la extrema pobreza.

Las medidas que tomemos hoy con respecto al cambio climático tendrán consecuencias que perdurarán por un siglo o más. Es imposible revertir en un futuro previsible la parte de este cambio causada por las emisiones de gases de efecto invernadero. Los gases que retienen el calor y que enviemos a la atmósfera en 2008 permanecerán allí hasta 2108 y más. Por lo tanto, lo que decidamos hacer hoy no sólo afectará nuestra propia vida, sino aún más la vida de nuestros hijos y nietos. Esto es lo que hace del cambio climático un desafío distinto y más difícil que otros desafíos en el campo de las políticas públicas.

Los conflictos violentos, la insuficiencia de recursos, la falta de coordinación y las políticas débiles siguen desacelerando el progreso en materia de desarrollo, particularmente en África. No obstante, en muchos países se han producido reales avances. Por ejemplo, Viet Nam ha sido capaz de reducir la pobreza a la mitad y lograr educación primaria universal mucho antes de la meta de 2015. Mozambique también ha logrado reducir de manera significativa la pobreza, aumentar la matriculación escolar, así como reducir las tasas de mortalidad infantil y materna.

Este progreso en materia de desarrollo se verá cada vez más limitado por el cambio climático. Por ello, debemos concebir la lucha contra la pobreza y contra los efectos del cambio climático como esfuerzos interrelacionados. Deben reforzarse unos a otros y debemos lograr éxito en ambos frentes a la vez. Para triunfar requeriremos de una buena cuota de adaptación, porque el cambio climático afectará de todos modos y muy fuertemente a los países más pobres aun si nuestros esfuerzos por reducir las emisiones comenzaran inmediatamente. Los países deberán desarrollar sus propios planes de adaptación, pero la comunidad internacional deberá prestarles ayuda.

Respondiendo a este desafío y a la urgente solicitud de parte de los líderes de los países en desarrollo, particularmente de África Subsahariana, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) lanzaron una alianza en Nairobi durante la última convención climática en noviembre de 2006. Los dos organismos se comprometieron a prestar asistencia para reducir la vulnerabilidad y construir capacidad en los países en desarrollo para obtener mayores beneficios de los Mecanismos para un desarrollo limpio (CDM, por sus siglas en inglés) en áreas como desarrollo de energías más limpias y renovables, protección contra el cambio climático y planes de sustitución de combustibles.

Esta alianza, que permitirá al sistema de las Naciones Unidas actuar prontamente en respuesta a las necesidades de los gobiernos que intentan integrar los impactos del cambio climático a sus decisiones de inversión, constituyen una prueba evidente de la determinación de las Naciones Unidas de hacer frente de modo unitario al desafío del cambio climático. Por ejemplo, podemos ayudar a los países a mejorar la infraestructura para que la población pueda enfrentar las crecientes inundaciones y los acontecimientos climáticos severos, cada vez más frecuentes. También podrían producirse cultivos resistentes al clima.

Mientras buscamos la adaptación debemos comenzar a reducir las emisiones y dar pasos adicionales hacia la mitigación, de modo que los cambios irreversibles ya desencadenados no se amplifiquen aún más durante los próximos decenios. Si la mitigación no comienza seriamente ahora mismo, el costo de la adaptación en 20 ó 30 años más será prohibitivo para los países más pobres. Estabilizar las emisiones de los gases de efecto invernadero para limitar el cambio climático es una estrategia viable que tendrá réditos para el mundo en su conjunto, incluidos los países de mayor desarrollo. Se trata, a la vez, de una parte esencial de nuestra lucha general en contra de la pobreza y de avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Este doble propósito de las políticas climáticas debiera asignarles prioridad ante los líderes del mundo entero.

Pero una vez que se haya establecido la necesidad de limitar el futuro cambio climático y de ayudar a los más vulnerables a adaptarse a lo que no podremos evitar, se debe seguir avanzando a fin de identificar la naturaleza de las políticas que nos ayudarán a alcanzar los resultados que buscamos. Podemos partir confirmando una serie de aspectos. En primer lugar, los cambios...

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