Una hora y media de conexión pura, sin teléfonos celulares

 
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Estoy a los gritos corriendo por los pasillos del Centro Cultural Recoleta. Está oscuro y mi captor arenga para que vaya más rápido. La voz se me entrecorta por la agitación pero veo que los otros rehenes, que van adelante mío, ya empiezan a detener la velocidad. Llegamos a destino. Una puerta se abre y en una suerte de pecera veo a una mujer desnuda tocando un piano enorme. La pecera resulta de una acústica perfecta para su canto lírico. Se me pone la piel de gallina, me acerco al vidrio para contemplarla. Ella se para, sólo viste unos tacos, se dirige al vidrio y con un labial pinta su boca. Me mira fijo a los ojos, varios segundos. En realidad no tengo ni idea de cuánto tiempo fue.

Mi captor se llama Matías Kedak, "Como Kodak pero con e", nos dice. Tiene la contextura física de un hombre, lleva un vestidito blanco bien ajustado, unos borceguíes y está maquillado de varios colores. No estoy ahí contra mi voluntad pero tengo poco poder decisión. Soy rehén de una experiencia teatral que se presenta los viernes en el Centro Cultural Recoleta. Se trata de Nomofobia, una performance dirigida por la argentina Marina Otero y el mexicano David Gaitán. Nomofobia es el temor a estar sin tu celular. Viene del inglés: no mobile phone phobia.

En la entrada, luego de pedirme que dejara el teléfono, me preguntaron si quería tener una experiencia con participación alta, media o baja y en base a eso, me otorgaron los auriculares que me acompañarían durante la experiencia. Opté por dejar todo en la cancha y elegí alta participación. No me daba tanto pánico separarme del celular como a otros que decían que no iban a aguantar o hacían chistes acerca de un permitido durante la obra. Pero apenas entré a la sala y empecé a ver cómo brillaban los auriculares, tuve el reflejo de buscar mi celular para sacar una foto. Me sentí un poco estúpida.

Todo lo que me dicen por los auriculares captura mi atención. Estoy en una sala enorme, hay unos DJs y sillas distribuidas de manera desordenada. No sé muy bien dónde dirigir la mirada. Una guía me da indicaciones, me hace preguntas y me pide que responda actuando con mi cuerpo, en silencio. Es decir: "Si alguna vez te sentiste solo, ponete desodorante"; "Si alguna vez tuviste sexo en una fiesta, caminá en cámara lenta". Algunas preguntas dan cierta timidez pero como todos están compenetrados en las consignas, da la sensación de que las confesiones propias quedan desdibujadas. Las respuestas que más me impactaron fue la...

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