Hacia la destrucción de la división de poderes

 
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estuvo a punto de dejar al tribunal sin su actual presidente, Ricardo Lorenzetti. Finalmente, Lorenzetti aceptó la ratificación de su reelección y la confianza que le brindaron ayer los tres miembros restantes de la Corte. Sin embargo, la escalada vivida en la cumbre del poder institucional merece que se formulen algunas preguntas. ¿Era realmente la renuncia de Lorenzetti ? ¿Qué motivó esta nueva y atropellada fase en la guerra declarada hace mucho contra el máximo tribunal de justicia del país?

Primero deben verificarse los hechos. Es cierto que en la mañana del lunes pasado visitó en sus despachos a los jueces Juan Carlos Maqueda y Elena Highton de Nolasco, y que les manifestó su deseo de renunciar a la reelección, que sólo entrará en vigencia a partir de diciembre próximo. Los jueces habían estado reunidos antes en sesión de acuerdos, pero el tema no se trató colectivamente. La sesión de acuerdos, que se hace habitualmente los días martes, se adelantó un día porque Lorenzetti tenía previsto viajar ayer a Italia para participar en una presentación del nuevo Código Civil argentino. La crisis lo obligó a cancelar ese viaje a último momento.

La versión que Lorenzetti les dio a los otros jueces es que estaba moralmente agobiado por la insistente campaña del Gobierno contra la Corte y contra él. La nueva embestida del oficialismo estalló después de que la Corte declarara nula e inconstitucional la designación de los conjueces de la Corte y de que el propio Lorenzetti recordara la semana pasada, en un discurso público, que "la Corte no gobierna, pero está para poner límites". Esa definición del juez enfureció de tal manera a Cristina Kirchner que ésta aprovechó anteayer un acto en la Casa de Gobierno para contestarle. "Sólo la Constitución y las elecciones nos ponen límites a los gobernantes elegidos", disparó en una clara respuesta a Lorenzetti. La Corte interpreta precisamente a la Constitución cuando destaca su función de poner límites a los otros poderes del Estado. Las palabras y la escenografía fueron coherentes en Cristina Kirchner: sólo la pérdida total del sentido de los límites pudo permitirle a la Presidenta colocar el retrato de su marido muerto en el Salón de los Patriotas de la Casa de Gobierno. Una versión sudamericana de Corea del Norte.

Aníbal Fernández no perdió una mañana sin atacar a la Corte, sobre todo por la reelección de Lorenzetti y por la avanzada edad del juez Carlos Fayt. A la ofensiva oficial se le sumó Raúl...

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