La otra grieta

 
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Mike Trout tiene 23 años y juega en el equipo de beisbol de Los Ángeles, donde firmó un contrato por seis años, hasta 2020, por 144,5 millones de dólares. Es una de las estrellas del torneo y su reconocimiento va creciendo año tras año, desde que se consagró como uno de los mejores novatos de la última década. Recorrió el mundo la foto de ese ídolo con infinita proyección delante de un televisor, en el vestuario, celebrando con sus dedos índices hacia arriba la consagración de American Pharoah en el Belmont Stakes (G 1), donde el caballo completó la Triple Corona.

Este sábado, previo al comienzo de un nuevo partido de la Liga, se ofrecieron las imágenes en vivo de la última etapa de la serie norteamericana en la mismísima pantalla del estadio y el público clamó por el nuevo gladiador. Nadie estaba ajeno a lo que veía. Tampoco Trout, que estaba listo para salir al campo para festejar sus puntos y antes, ya con toda la vestimenta puesta, se permitió junto a sus compañeros dejar de lado la concentración en las bases, bateadas y los jonrons para no perderse un hecho que no se sabe si habrá que esperar otros 37 años para vivirlo.

El potrillo con genes argentinos se abrazó a la historia, se hizo leyenda, ante más de 100.000 personas que desbordaron el hipódromo neoyorquino. Entre tantos había alguien cuyo nombre exime de presentación: Bill Clinton. El ex presidente de los Estados Unidos no quiso estar al margen de la posibilidad de ver de cerca a American Pharoah. Aunque pudiera ser testigo de otra de las tantas frustraciones que han vivido los hípicos y no hípicos allí los últimos años. Se lo vio estudiando el programa de carreras de Belmont Park y siendo partícipe de una jornada inolvidable.

Aquí, de este lado del mundo, difícil ver esas imágenes. Un caso esporádico ha sido el del último 25 de mayo en San Isidro con presencia allí (en campaña...

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